Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

domingo, enero 24, 2021

Gato convencionista por liebre constituyente

Una de las maniobras comunicacionales impulsada por el mundo político, incluida la TV y El Mercurio, ante la próxima elección de los 155 integrantes de la Convención Constitucional que redactará una nueva Constitución, es hacer creer al pueblo chileno que esta Convención Constitucional es lo mismo que una Asamblea Constituyente. Algo totalmente falso. ¿Por qué lo hacen? Simple, para pasar gato por liebre y que la “nueva” Constitución mantenga los privilegios de los grandes empresarios que se apoderaron del país (con alevosía) desde el 11 de septiembre de 1973 y nadie diga nada. Para tales efectos, la derecha gobernante cuenta (y ha contado desde 1990) con la complicidad de la casta política chilena atrincherada en los partidos que dan vida al nefasto régimen portaliano impuesto en la tercera década del siglo XIX y reforzado por la dictadura cívico-militar encabezada por Augusto Pinochet a través de la Constitución fraudulenta de 1980. Y en ese sentido el gobierno de Piñera no es menos, pues aplica al pie de la letra la “ley del garrote y la zanahoria”, viola los derechos humanos y mantiene presos políticos en sus mazmorras.

El llamado “Acuerdo por la paz y una nueva Constitución” que permitió la realización del plebiscito del 25 de octubre de 2020, formalizado el 15 de noviembre de 2019, fue acordado a la medida de los partidos políticos, pues a pesar de que el pueblo rechazó que la nueva Constitución fuese redacta por una “Comisión Mixta” que incluía parlamentarios, y por ende a los partidos políticos, no será así. El 78,99% aprobó que la nueva Constitución fuese redactada por una “Convención Constitucional”, que excluía a los parlamentarios, y por lo tanto a los partidos políticos. Por lo menos eso pensaban los votantes, ya que jamás se les dijo que la elección de los convencionistas sería de acuerdo a la ley que rige la elección de parlamentarios y que estos podían renunciar a serlo para presentarse a la Convención. Además, los partidos políticos tendrían chipe libre para presentar sus listas, con claros beneficios electorales en desmedro de los independientes (se entiende por independientes a quienes no militan en partido alguno). Hoy, al estar definidos los candidatos y listas, podemos ver la grotesca puesta en escena donde los mismos de siempre, militantes de partidos, exministros, exsubsecretarios, exdiputados, exsenadores, dirigentes y toda aquella cáfila que tanto daño a hecho al país se presentan como candidatos a convencionistas con un discurso de blancas palomas, incluyendo en sus listas a personajes de la farándula televisiva y del pinochetismo. Sobre todo la derecha, cuya meta es controlar los 2/3 de la convención que permitirán aprobar o rechazar las normas de la posible nueva Constitución. Esto porque de acuerdo a las reglas de la Convención (impuestas de antemano) se debe “generar un alto grado de consenso”. Es decir, un consenso que no es otro que el que la derecha, siendo minoría, ha impuesto desde 1990, en complicidad con la Concertación, para su propio beneficio. Y si algo les sale mal, existe (también impuesto de antemano) el reclamo para las “infracciones a las reglas de procedimiento aplicables a la Convención”, que sería “resuelto por cinco miembros de la Corte Suprema, elegidos por sorteo”. O sea, más de los mismos. Bajo estas condiciones uno se interroga ¿Parece que la liebre finalmente será un gato? ¿Qué cree usted?

Dado lo anterior, lo más probable es que, en la “nueva” Constitución, se mantenga gran parte de las normas de la fraudulenta Constitución de 1980, porque la trampa es grande. Una regla impuesta de antemano a los convencionistas dice que: “En la redacción de la nueva Constitución deberá respetar el carácter de República del Estado de Chile [portaliano obviamente], su régimen democrático [a gusto de la derecha, los empresarios y sus lacayos de los partidos], las sentencias judiciales firmes y ejecutoriadas [ya sabemos de la justicia chilena], y los tratados internacionales vigentes ratificados por Chile [léase el saqueo de Chile]”. Así están las cosas. Ahora, si alguien se pregunta ¿Si todo está cocinado, entonces por qué muchos derechistas votaron por el Apruebo? Lo hicieron por estrategia, para ganar conciencias y votos, pues como sabían que ganaría el Apruebo lo importante era mantener los 2/3 para entrampar cualquier norma que no les gustara de la nueva Constitución, dando, de este modo, legitimidad a sus abusos pues alegarán que se hizo a través de un proceso “constituyente” ratificado por el pueblo en el plebiscito de salida. Es decir, “el pueblo decidió que así fuera”. ¿Pero si en el plebiscito de salida el pueblo rechaza la “nueva” Constitución porque considera que los convencionistas no redactaron una nueva carta Constitucional sino que maquillaron la antigua? Si eso pasa seguirá rigiéndonos la Constitución pinochetista de 1980. Como ven, la trampa está funcionando como camisa de fuerza.

¿Alguna esperanza? Difícil, salvo que todos los que reclaman contra el gobierno y la derecha vayan a votar solo por las listas donde haya personas confiables (peco de ingenuo quizás), independientes. Y nadie vote por la derecha y sus candidatos probadamente maleados y neonazis. Si ese 80% que rechaza a Piñera en las encuestas asiste a votar podría ser que la trampa de los 2/3 se rompa. Y además que los “convencionistas confiables” que sean electos cumplan con lo que el pueblo pide.  En todo caso, ante la trampa, no se debe descartar un nuevo 18 de octubre, un paro nacional o protestas masivas, porque lo peor de los abusos está a la vuelta de la esquina sino se extirpa de raíz la Constitución de 1980.

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