Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

sábado, marzo 20, 2021

Convención Constitucional: Chile entre la libertad y perpetuar la esclavitud

Independiente de las distintas opiniones sobre el proceso para elegir a los convencionistas que redactarán la nueva Constitución, nacido de una componenda política, debemos tener claro que este proceso es lo que hay, y, por lo tanto, el que decidirá el futuro del país. La elite, aprovechando la propiedad de los medios masivos de comunicación, sobre todo la TV, han impuesto, en el imaginario colectivo, que la convención es una Asamblea Constituyente democrática donde el pueblo elegirá libremente a sus representantes a través de una votación informada. Falso. La elección de convencionistas, debido a su estructura, favorece a las alianzas políticas formadas por los partidos políticos. Y es por esa razón que usted puede ver a la derecha pinochetista en pleno, encabezada por la UDI y el partido neonazi de José Antonio Kast, que votaron por el rechazo, aspirando a obtener escaños en la convención, promoviendo mentiras sobre mentiras. Por otro lado, está la Concertación y sectores del Frente Amplio, que como dice la canción de Víctor Jara, “no son ni chicha ni limoná”, “se lo pasan manoseando/ caramba zamba su dignidad”, aunque claro, poco les importa la dignidad cuando brilla el oro o la voz del amo los llama a terreno.

Para que exista realmente una nueva Constitución y no sigamos siendo esclavos del republicanismo portaliano, aderezado de pinochetismo desde el golpe de Estado de 1973, la Constitución de 1980 debe ser extirpada de raíz. Chile necesita una Constitución que nos haga libres, no que perpetúe la esclavitud social, laboral y económica impuesta por la oligarquía empresarial y transnacional. Para que esto ocurra, y dadas las condiciones en que el proceso eleccionario se desarrolla, la única opción, bajo tales circunstancias, es que quienes quieren realmente un Chile libre acudan en masa a votar por los candidatos que realmente quieren extirpar la Constitución del pinochetismo, y no por aquellos candidatos conciliadores y que solo privilegian acuerdos con la derecha. El asunto no tiene dobles lecturas, para que una nueva Constitución nos haga libres y soberanos, debe contener los siguientes puntos básicos, de lo contrario nada cambiará:

·         Que la Constitución defina la democracia chilena como “el gobierno del pueblo para el pueblo y por el pueblo”.

·         Declarar el agua y la electricidad como bienes elementales para la sobrevivencia humana y con los cuales no se puede lucrar, pues son derechos inalienables de todos los habitantes de Chile; por lo tanto, el Estado debe velar que obligatoriamente así sea.  

·         Recuperación de todas las empresas estatales privatizadas.

·         Fin del senado y cámara de diputados para dar paso a una Asamblea Nacional Legislativa (unicameral).

·         Declarar el derecho a la vivienda y educación como derechos inalienables de todos los habitantes de Chile; por lo tanto, el Estado debe velar que obligatoriamente así sea, incluida la gratuidad cada vez que sea necesaria sin mayor trámite.

·         Pena de muerte inmediata para traficantes, femicidas, pedófilos, violadores, rapto, torturadores, genocidas y todo crimen que implique asesinatos.

·         Fin de las AFP e indemnización, por parte de sus dueños, a los cotizantes.

·         Fin a las concesionarias de autopistas y carreteras (fin del Tag).

·         Declarar el plebiscito como el único acto democrático para resolver cualquier asunto que incumba a todos los chilenos, ya sea relacionado con lo jurídico, económico, legislativo u otro.

·         Declarar la eutanasia, el suicidio asistido y el aborto como derechos personales e inalienables de todos los habitantes de Chile, siendo obligación del Estado asistirlos con los medios necesarios y gratuitos para su ejecución.

·         Declarar a Chile como una República multinacional.

·         Fin del Tribunal Constitucional y reemplazarlos por el Plebiscito Popular.

·         Instaurar el plebiscito revocatorio para todo cargo de elección popular.

·         Declarar el pinochetismo y cualquier defensa, justificación o propaganda pública, que enaltezca o avale la dictadura cívico-militar, fuera de la ley, siendo condenados, quienes la trasgredan a cinco años de cárcel de manera inapelable y efectiva, sin derecho a beneficio alguno.

·         Fin a la “irreprochable conducta anterior” cada vez que se juzgue un delito.

·         Salud pública, y de calidad, gratuita para todos los chilenos.

·         Recuperación de todos los recursos naturales en manos de privados, ya sean chilenos o extranjeros.

·         Fin de las Isapres.

·         Obligación del Estado de reindustrializar el país y mantener esa política como una política permanente en el tiempo.

·         Fin a los sueldos millonarios de la Corte Suprema.

·         Reestructuración de Carabineros y Fuerzas Armadas.

·         Fin a todos los privilegios tributarios, económicos y sociales de la Iglesia, sea de la religión que sea.

·         Devolución de todas las tierras robadas a los pueblos originarios.

Esto para empezar…


domingo, enero 24, 2021

Gato convencionista por liebre constituyente

Una de las maniobras comunicacionales impulsada por el mundo político, incluida la TV y El Mercurio, ante la próxima elección de los 155 integrantes de la Convención Constitucional que redactará una nueva Constitución, es hacer creer al pueblo chileno que esta Convención Constitucional es lo mismo que una Asamblea Constituyente. Algo totalmente falso. ¿Por qué lo hacen? Simple, para pasar gato por liebre y que la “nueva” Constitución mantenga los privilegios de los grandes empresarios que se apoderaron del país (con alevosía) desde el 11 de septiembre de 1973 y nadie diga nada. Para tales efectos, la derecha gobernante cuenta (y ha contado desde 1990) con la complicidad de la casta política chilena atrincherada en los partidos que dan vida al nefasto régimen portaliano impuesto en la tercera década del siglo XIX y reforzado por la dictadura cívico-militar encabezada por Augusto Pinochet a través de la Constitución fraudulenta de 1980. Y en ese sentido el gobierno de Piñera no es menos, pues aplica al pie de la letra la “ley del garrote y la zanahoria”, viola los derechos humanos y mantiene presos políticos en sus mazmorras.

El llamado “Acuerdo por la paz y una nueva Constitución” que permitió la realización del plebiscito del 25 de octubre de 2020, formalizado el 15 de noviembre de 2019, fue acordado a la medida de los partidos políticos, pues a pesar de que el pueblo rechazó que la nueva Constitución fuese redacta por una “Comisión Mixta” que incluía parlamentarios, y por ende a los partidos políticos, no será así. El 78,99% aprobó que la nueva Constitución fuese redactada por una “Convención Constitucional”, que excluía a los parlamentarios, y por lo tanto a los partidos políticos. Por lo menos eso pensaban los votantes, ya que jamás se les dijo que la elección de los convencionistas sería de acuerdo a la ley que rige la elección de parlamentarios y que estos podían renunciar a serlo para presentarse a la Convención. Además, los partidos políticos tendrían chipe libre para presentar sus listas, con claros beneficios electorales en desmedro de los independientes (se entiende por independientes a quienes no militan en partido alguno). Hoy, al estar definidos los candidatos y listas, podemos ver la grotesca puesta en escena donde los mismos de siempre, militantes de partidos, exministros, exsubsecretarios, exdiputados, exsenadores, dirigentes y toda aquella cáfila que tanto daño a hecho al país se presentan como candidatos a convencionistas con un discurso de blancas palomas, incluyendo en sus listas a personajes de la farándula televisiva y del pinochetismo. Sobre todo la derecha, cuya meta es controlar los 2/3 de la convención que permitirán aprobar o rechazar las normas de la posible nueva Constitución. Esto porque de acuerdo a las reglas de la Convención (impuestas de antemano) se debe “generar un alto grado de consenso”. Es decir, un consenso que no es otro que el que la derecha, siendo minoría, ha impuesto desde 1990, en complicidad con la Concertación, para su propio beneficio. Y si algo les sale mal, existe (también impuesto de antemano) el reclamo para las “infracciones a las reglas de procedimiento aplicables a la Convención”, que sería “resuelto por cinco miembros de la Corte Suprema, elegidos por sorteo”. O sea, más de los mismos. Bajo estas condiciones uno se interroga ¿Parece que la liebre finalmente será un gato? ¿Qué cree usted?

Dado lo anterior, lo más probable es que, en la “nueva” Constitución, se mantenga gran parte de las normas de la fraudulenta Constitución de 1980, porque la trampa es grande. Una regla impuesta de antemano a los convencionistas dice que: “En la redacción de la nueva Constitución deberá respetar el carácter de República del Estado de Chile [portaliano obviamente], su régimen democrático [a gusto de la derecha, los empresarios y sus lacayos de los partidos], las sentencias judiciales firmes y ejecutoriadas [ya sabemos de la justicia chilena], y los tratados internacionales vigentes ratificados por Chile [léase el saqueo de Chile]”. Así están las cosas. Ahora, si alguien se pregunta ¿Si todo está cocinado, entonces por qué muchos derechistas votaron por el Apruebo? Lo hicieron por estrategia, para ganar conciencias y votos, pues como sabían que ganaría el Apruebo lo importante era mantener los 2/3 para entrampar cualquier norma que no les gustara de la nueva Constitución, dando, de este modo, legitimidad a sus abusos pues alegarán que se hizo a través de un proceso “constituyente” ratificado por el pueblo en el plebiscito de salida. Es decir, “el pueblo decidió que así fuera”. ¿Pero si en el plebiscito de salida el pueblo rechaza la “nueva” Constitución porque considera que los convencionistas no redactaron una nueva carta Constitucional sino que maquillaron la antigua? Si eso pasa seguirá rigiéndonos la Constitución pinochetista de 1980. Como ven, la trampa está funcionando como camisa de fuerza.

¿Alguna esperanza? Difícil, salvo que todos los que reclaman contra el gobierno y la derecha vayan a votar solo por las listas donde haya personas confiables (peco de ingenuo quizás), independientes. Y nadie vote por la derecha y sus candidatos probadamente maleados y neonazis. Si ese 80% que rechaza a Piñera en las encuestas asiste a votar podría ser que la trampa de los 2/3 se rompa. Y además que los “convencionistas confiables” que sean electos cumplan con lo que el pueblo pide.  En todo caso, ante la trampa, no se debe descartar un nuevo 18 de octubre, un paro nacional o protestas masivas, porque lo peor de los abusos está a la vuelta de la esquina sino se extirpa de raíz la Constitución de 1980.

viernes, enero 08, 2021

Cachagua y la invasión de Wallmapu

Dos acontecimientos ocurridos a mitad de esta semana dan cuenta del Chile que tenemos, ese Chile donde los ricos (causantes de la pobreza en el país), delinquen a vista y paciencia de las autoridades y el gobierno fascistoide de Piñera viola constantemente los derechos humanos del pueblo mapuche. Las fiestas de Cachagua en plena pandemia, y la invasión de la comunidad de Temucuicui, en la comuna de Ercilla, por la PDI, son un botón de muestra.

En Cachagua, donde veranean los ricos, los hijos de estos, en plena pandemia del Covid 19, y pasándose por todas partes las leyes sanitarias, se han dado a las tentaciones de Sodoma y Gomorra contagiando a diestra y siniestra el coronavirus, como lo certifican los audios que se reproducen en las redes sociales. El tono cuico deja claro que se sienten con el derecho de burlarse de todo Chile y hacer lo que les dé la gana, violar la ley y observar altaneros desde Las Condes, Vitacura o Lo Barnechea a sus críticos. Los “niños bien” saben que tienen impunidad, que pueden drogarse, conducir borrachos e incluso traficar, violar y asesinar y no les pasará nada. Sus padres llamarán a funcionarios del gobierno, a fiscales, jueces, policías y todo se arreglará entre gatos y medianoche. Los medios de comunicación callarán y en pocos meses nadie se acordará de nada. Así funciona el sistema portaliano.

Por otro lado, la PDI invade la comunidad de Temucuicui en Ercilla aduciendo un operativo antidroga. Operativo que contó con una cantidad impresionante de policías, jamás vista en operativos antidroga en Santiago en sectores reconocidos, de acuerdo a las autoridades, como territorios dominados por bandas de traficantes; por ejemplo, El Pantano, La Chimba, El Canal, el Barrio Chino, etcétera, aunque convengamos que en estos lugares marginales no se encuentran los grandes traficantes, los que tiene los contactos en el extranjero. No. Estos se encuentran en el barrio alto, sí, allá mismo donde habitan los niños de Cachagua, donde la policía no allana, sino que hace la vista gorda. ¿Alguien se imagina un allanamiento en La Dehesa? Durante la invasión de la comunidad de Temucuicui murió un policía y otros quedaron heridos (se habla de 11), lo que debe ser aclarado, sin duda, pero Ojo, aclarado en su mérito, no arbitrariamente y con intentos de montaje como ya ha ocurrido. No olvidemos tampoco a los infiltrados. Los medios de comunicación, sobre todo la TV, informa solo lo que el gobierno fascistoide les pautea o declara.

Estos hechos, más lo que se avecina en marzo y abril, elección de convencionistas incluida, donde se pretende pasar gato por liebre, anuncian ventarrones (y no “brisas”), al parecer, sobre el “cielo azulado”.

miércoles, diciembre 02, 2020

No habrá nueva Constitución

Para que exista una nueva Constitución es necesario que la Constitución pinochetista de 1980 sea erradicada de cuajo. Para que eso suceda, la nueva Constitución tendría que ser dictada por una asamblea constituyente y no por una convención constitucional limitada en sus funciones, como sucederá. Convención, más encima, que será electa bajo la actual ley electoral de parlamentarios, donde en la práctica quedan excluidos pobladores, obreros, campesinos. Quedan excluidos los sin casa, los que llevan años esperando atención médica, los pensionados aniquilados por las AFP, las dueñas de casa, los trabajadores informales, los pescadores. Es decir, quedan fuera de poder participar en la definición de la carta máxima, que regirá su futuro, quienes producen la riqueza del país con su trabajo.

Entonces ¿Quiénes redactarán la nueva Constitución? La redactarán quienes por décadas se han apoderado de las riquezas naturales del país y se han enriquecido gracias al trabajo ajeno. ¿Y quiénes son estos estos abusadores, estos explotadores? Se trata de la casta empresarial, aquellos atrincherados en la Sofofa e Icare, desde donde cada día elaboran la pauta de noticias de El Mercurio, La Tercera, la TV abierta y algunas radios. Son aquellos de las colusiones y la especulación financiera. Aquellos que evaden impuestos y reciben todo tipo de benevolencias de parte del SII y BancoEstado.  

¿Y cómo redactará esta casta la nueva Constitución? La redactará a través de sus testaferros apoltronados en los partidos políticos de la derecha, de la Concertación y de algunos “ingenuos” del Frente Amplio. Pero sobre todo, apoyados por los partidos de “oposición” para dar legitimidad al texto constitucional venidero. El pueblo nada puede esperar de la Concertación. De hecho, en una declaración conjunta del PPD, PS y PR, dieron a conocer un documento llamado “Bases y fundamentos de una propuesta constitucional progresista” (96 pág.), que no es más que una propuesta de maquillaje para mantener los privilegios de la oligarquía chilena y la casta política. Por otro lado, la derecha, El Mercurio mediante, inició mucho antes del plebiscito del 25 de octubre una campaña para posicionar el tema del “derecho de propiedad” y la “libertad de enseñanza” como temas prioritarios de la “nueva” Constitución. Asunto de fundamentos religiosos para los sátrapas de Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea. Otro tanto ha hecho el presidente Piñera, que, con más de un 80% de rechazo a su gobierno violador de derechos humanos, considera que puede imponer lo que debería o no debería estar en la próxima Constitución.

¿Y quiénes son los testaferros de la casta empresarial? Para saberlo basta una lectura a nuestra historia política desde 1990 a la fecha y los encontrará (descontando a la derecha, obviamente), en una cáfila bien definida donde sobresalen los Ricardo Lagos, Eduardo Frei, Eugenio Tironi, Andrés Zaldívar, Enrique Correa, Mariana Aylwin, Soledad Alvear, Ximena Rincón, Francisco Vidal, Andrés Velasco y una larga lista de siniestros dirigentes y parlamentarios de la DC, PPD, PS y PR. ¿Pero, qué es lo que tanto defienden alineándose siempre con la derecha y el pinochetismo? Lo de fondo que defienden, es la raíz que desde el siglo XIX ha permitido y dado categoría legal a todos los abusos y masacres de trabajadores en Chile; es decir, el republicanismo portaliano, cuyo eje fundador fue apropiarse, por parte de la oligarquía, de los recursos del país, sean naturales o fuerza de trabajo. Eso es lo de fondo que defiende la derecha y la “oposición”, aquella estructura política-económica-social que se mantiene aferrada como garrapata al orden portaliano, el cual está claramente reflejado en la Constitución de 1980. Por eso la campaña del terror cuando escuchan hablar de asamblea constituyente o parlamento unicameral. Les aterroriza la palabra pueblo, tanto así que han prohibido a los noticiarios de TV utilizarla.

¿A lo mejor es muy difícil redactar una nueva Constitución? No. No lo es. Los que hoy se erigen en expertos constitucionalistas no son más que expertos en proteger los intereses de quienes terminaron de apoderarse de Chile en 1973. Pretenden hacer creer que redactar una Constitución es tarea de “sabios”. Mentira. Para redactar la base de una Constitución verdaderamente democrática solo se necesita sentido común, sentido de justicia y comprender que la democracia es el “gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”.

¿Y si no hay nueva Constitución, qué habrá? Habrá un remedo de Constitución asentada sobre la base de la Constitución de 1980 más el maquillaje que impuso Ricardo Lagos Escobar durante su gobierno. Tan simple como eso. Seguramente incluirán algún matiz “democrático” como por ejemplo que el agua sea un bien universal (o derecho humano) de uso público, pero con letra chica. Seguirán las AFP, y usted podrá seguir escuchando en el parlamento frases como “gracias su señoría”, “honorable senador tiene la palabra”, “gracias por el espíritu republicano”, etcétera. Pero, ¿no es posible dar un vuelco a la estafa constitucional que se viene? Difícil, de acuerdo a los científicos el sol recién se extinguirá en 5.000 millones de años más, así que paciencia. Claro que si no piensa vivir tanto, estudiemos alguna alternativa…, “por si las moscas”, como decía don Lucho. Aunque ojo, las moscas hace rato que llegaron… ¿Pasó la vieja?... Diga usted.

lunes, octubre 12, 2020

Chile y sus culpables

Una de las diferencias entre el Chile 1990-2018 y el de hoy es que el pueblo se da cuenta de alguna manera, y lo expresa, de su condición de explotado. La conciencia social del pueblo ha avanzado con respecto a su existencia social, el pueblo ha ido perdiendo el miedo y ganando confianza en sí mismo. Pero aún falta, falta ese paso que quedó pendiente tras el 18 de octubre de 2019 y que la pandemia contuvo. Un paso que no es otro que desalojar a la casta política que por décadas ha mantenido al pueblo viviendo bajo un espejismo de prosperidad, un espejismo sostenido por el endeudamiento y las ofertas con letra chica. Por lo tanto, si queremos comenzar a vivir con dignidad, sin explotación, sin impunidad, sin mentiras ni violaciones a los derechos humanos y con una Constitución realmente legítima nacida de una asamblea constituyente (no de una convención constitucional), la única opción que procede es el desalojo de los culpables de los infortunios del país.

Y los culpables son, sin duda alguna, la derecha pinochetista y la Concertación (o ex  Concertación como la llaman hoy), que permitió desde 1990, y aún permite, que esa derecha pinochetista campee a su antojo en la política chilena. La Concertación pactó, entre gatos y medianoche, tras el triunfo del NO, una “transición” donde no se tocaría el modelo económico, ni las privatizaciones fraudulentas ni los crímenes de Pinochet y su jauría. Esto quedó demostrado durante todos los gobiernos de la Concertación, incluido el de la Concertación-Nueva Mayoría, que continuaron ahondando el modelo. Y si se consiguieron avances en materia de derechos humanos y algunos acotados logros sociales, se debió exclusivamente al trabajo incansable de las agrupaciones de derechos humanos y de sectores poblacionales que se manifestaron en las calles incesantemente. No se debió a una iniciativa nacida porque sí de los gobiernos concertacionistas y sus principales dirigentes, que desde un comienzo mostraron su verdadera faceta. Podemos mencionar a Enrique Correa, Andrés Zaldívar, Sergio Bitar, Mariana Aylwin, Soledad Alvear, Ximena Rincón, Francisco Vidal, Ricardo Lagos Escobar, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Juan Pablo Letelier, Jorge Burgos, Edmundo Pérez Yoma, Isabel Allende Bussi, Enrique Krauss, Camilo Escalona, Felipe Harboe, Jorge Pizarro, Genaro Arriagada, Nicolás Eyzaguirre, José Miguel Insulza, entre una interminable lista de perkines bien pagados por la derecha política y empresarial. De hecho, la “oposición” recibió dinero del yerno del genocida y ladrón Augusto Pinochet. Gracias a esa cáfila, a ese lastre, tenemos el Chile de hoy, gobernado por el pinochetismo, con sistemáticas violaciones a los derechos humanos desde el 18 de octubre de 2019, con presos políticos, represión y montajes contra el pueblo mapuche e impunidad para militares y empresarios corruptos, que han saqueado el erario a vista y paciencia de los poderes del Estado. Incluyendo entre todos estos especímenes un general director de carabineros con perfil sicológico DINA-CNI, el que evidentemente se ve reflejado en sus tropas de asalto, émulos de las SS nazis.

Es repudiable y repugnante que el país tenga hoy un ministro de justicia (Hernán Larraín) y otro del interior (Víctor Pérez) que avalaron las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, más aún, que con su proceder fueron encubridores de las atrocidades cometidas en Colonia Dignidad. El gobierno de Sebastián Piñera está infectado por el pinochetismo, por negacionistas y relativistas de las violaciones a los derechos humanos. Los perdonazos a la corrupción, a las colusiones, a las estafas al Estado, a la evasión de impuestos y docenas de delitos navegan a la orden del día. En tanto, los dirigentes de la Nueva Mayoría y el Frente Amplio no hacen más que mostrar su pusilanimidad ante los acontecimientos, pues por más que reclamen y vociferen para la galería, cuando llega el momento de oponerse con la máxima fuerza a la derecha comienzan las “vacilaciones republicanas”, que lo único que provocan es desmovilización, tal como sucedió en 2006 con los pingüinos y en 2011 con los universitarios. Una muestra de ello es el llamado “Acuerdo por la paz social y una nueva Constitución”, firmado el 15 de noviembre de 2019 para contener la rebelión social, y que contiene letra chica para burlar una asamblea constituyente de verdad. Aunque hoy, tendrán que ir a otro perro con ese hueso. Nadie les cree. Pues bien, son estos mismos partidos los que pretenden apropiarse del proceso como adalides de lo que el pueblo quiere, para una vez más embaucarlo, como sucedió con “la alegría ya viene”, claro, vino para los mismos de siempre, para el pinochetismo y los empresarios, así como para los dirigentes políticos de la derecha y la Concertación, que se han enriquecido a costa de las penurias del pueblo. 

¿Cuál es la opción para evitar el fraude electoral constituyente? Volver a las calles y no abandonarlas hasta que el Parlamento apruebe una nueva ley para la elección de lo que ellos llaman “convención constitucional”. Una ley donde cualquier ciudadano pueda presentarse como constituyente, una ley que prohíba a los partidos políticos presentar candidatos a la “convención constituyente”. Una ley que permita propaganda gratuita en los medios de comunicación para todos los candidatos. Una ley que otorgue igualdad a los candidatos en la televisión. De lo contrario la calle debe continuar.

Finalmente, decir que existe otro culpable del Chile de hoy: la prensa oficialista y en  especial la televisión, que da tribuna a siniestros personajes pinochetistas como Sergio Melnick, José Antonio Kast, Pepe Auth, Teresa Marinovic, Patricia Maldonado, Hermógenes Pérez de Arce, a todos los dirigentes de la  UDI, RN y Evópoli, etcétera, que mienten a destajo, de la manera más increíble y miserable. Es el Chile que tenemos.

viernes, septiembre 11, 2020

La no muerte del presidente Allende

La derecha y el pinochetismo, con su sostenida propaganda, durante décadas, han impuesto en la conciencia colectiva la convicción de que el presidente Allende se suicidó en La Moneda. Incluso sus partidarios dan crédito a esta patraña, cuya fuente fundamental se le atribuye al “testimonio” del recientemente fallecido Dr. Patricio Gijón, a quién El Mercurio, en muchas oportunidades, le dio amplia cobertura a sus dichos. Incluso la familia directa del presidente Allende se creyó el embuste de la dictadura y la derecha. En todo caso, qué se podía esperar de ellos, salvo de Tati, la única hija del presidente digna y consecuente.

Y si se hubiese suicidado, lo que no ocurrió, ¿qué? ¿Qué importancia tendría? El valor y legado del presidente Allende está en su resistencia heroica ante los militares cobardes que ante un solo hombre, acompañado por un reducidísimo número de compañeros, opuso resistencia a aviones, tanques, artillería y regimientos con soldados armados hasta los dientes que atacaban el palacio de gobierno. Mientras todo esto ocurría, el genocida y miserable ladrón Pinochet estaba escondido en un recinto militar para escapar “por si el golpe de Estado fallaba”. Los únicos cobardes, en todo esto han sido los militares. Allende fue un valiente, un verdadero representante del pueblo que supo cumplir con el deber comprometido. El testimonio de Gijón no es creíble, por montones de razones, y así lo han demostrado estudios de médicos forenses serios. La derecha siempre ha impuesto su criterio a través de los medios de comunicación y comprando adherentes de los “bandos contrarios”, como, por ejemplo, lo hizo por medio de Paz Ciudadana, ¿o acaso no han visto las fotos de personeros de la Concertación sonriendo aduladoramente junto a Agustín Edwards E., el vende patria y uno de los promotores del golpe de 1973. El pinochetismo y las mentiras de la derecha solo son merecedoras de una cosa: El patíbulo. En otras palabras, de la digna y legítima defensa propia que el derecho internacional acepta contra los delincuentes que llegan a asesinar, desaparecer y torturar.

jueves, septiembre 10, 2020

China Roja, el libro inédito de Pablo de Rokha

 


A 52 años de la muerte del poeta Pablo de Rokha, ocurrida un 10 de septiembre de 1968, Ediciones Estrofas del Sur publica su única obra que permanecía inédita: CHINA ROJA. Esta publicación viene a hacer justicia con uno de los poetas fundamentales de la lengua castellana, completando su bibliografía y rescatando su memoria. CHINA ROJA, en su versión impresa y digital, pronto en las librerías del país. Distribuye para Chile, Latinoamérica y el mundo, distribuidora editorial La Komuna.


miércoles, agosto 12, 2020

"Clase media" = Jaula de deudas

El discurso de la UDI, RN, Evópoli y el gobierno, ante el Coronavirus, y la calamidad económica provocada por las cuarentenas, se ha centrado siempre en el argumento de que se debe salvar a la “clase media”; discurso mañoso, tramposo, pues lo que buscan en el fondo es que no se le escapen votos (y clientes) de quienes ellos llaman “clase media”, que en la realidad no es más que un sector de los explotados de este país. Un sector que accede a trabajos mejor remunerados que quienes son clasificados de “pobres”, lo que los convierte en potenciales deudores de los bancos y las grandes tiendas gracias a la mentalidad consumista de una significativa parte del núcleo, sumado a sus aspiraciones de ser, o parecerse, a lo que llaman “clase alta”. Y ojo, no estoy diciendo que no se deba a aspirar a trabajos mejor remunerados, a vivir cómodamente con casa propia, con acceso a la salud y educación de calidad, entre otros derechos. No. A lo que voy es que a todo eso se debe aspirar y acceder entendiendo que es un derecho social básico; no aspirar a escalar de “una clase” a “otra clase”, que es lo que ha inoculado el capitalismo en general, y el capitalismo neoliberal en particular, en la mentalidad de muchas personas, transformado las aspiraciones legítimas de una vida mejor en una jaula de deudas. En una democracia verdadera, sobre la base de una Constitución nacida de la legitimidad ciudadana, el Estado debe garantizar a todos los habitantes del país el acceso al trabajo, vivienda, salud y educación como derechos inalienables. Además, el Estado debe regular los precios de los medicamentos, alimentos y vivienda, no permitiendo más abusos ni explotación del hombre por el hombre.

La llamada “clase media”, como se comienza a conceptuar, valorizar y promover a un sector de los explotados, desde la dictadura hasta nuestros días por parte de la derecha empresarial y oligarca, y con el aval de la Concertación desde 1990 a la fecha, ha servido como muro de contención entre explotados y explotadores, como una manera de mantener a raya las protestas y organización de la llamada “clase pobre” para que no invada el territorio de la llamada “clase alta” y recupere, a punta de insurrección, lo que le ha sido robado durante años de explotación y abusos de todo tipo. ¿Puede cambiar todo esto? Por supuesto, Chile tiene que dejar de ser una cifra económica, una especulación en la bolsa de valores, una mentira del PIB per cápita, y para eso debe ser reindustrializado el país y recuperadas las empresas estatales privatizadas fraudulentamente por la dictadura así como las fomentadas por la Concertación. No existe otra solución para que haya justicia social de verdad y esta no sea solo ofertones en períodos de elecciones. Por otro lado, los partidos políticos deben dar paso a otro tipo de organizaciones, los partidos políticos han sido un fracaso como administradores políticos del país. De lo contrario seguiremos escuchando por décadas, e incluso siglos, que se debe salvar a la “clase media” mientras los abusos y explotación siguen siendo solo anecdotarios en los programas de televisión y la prensa mercurial.

lunes, julio 27, 2020

El premio nacional de literatura y su fondo

Mucho circula por las redes sociales y prensa sobre la injusticia que ha existido y existe sobre el menoscabo hacia las mujeres en el momento de otorgar el Premio Nacional de Literatura. En una columna Patricia Espinosa afirma que: “Nuestra literatura está plagada de estatuas que debemos eliminar y el Premio Nacional ha sido la mayor fábrica de estatuas literarias para la consolidación del canon masculino y la violenta exclusión de la producción literaria de mujeres”. Si bien es cierta esta afirmación, respecto al premio nacional, hay cuestiones que deben ser analizadas con mayor fondo y detalle de porqué suceden. De lo contrario se suele confundir el efecto con la causa. Para comenzar, un premio literario debe entregarse por la calidad de la obra, no por asuntos de género, etnia, ideología política o religiosa, etcétera. Lo único que debe ser juzgado es la calidad de la obra de tal o cuál autor o autora para otorgar un premio. Ahora, es cierto que al catalogar una obra influyen la subjetividad y tendencias estéticas de los jurados, pero si son jurados cultos en literatura el debate puede ser amplio y con argumentos literarios serios. Lamentablemente en el caso del premio nacional el jurado no es el adecuado porque en su mayoría no son expertos en literatura ni leen todo lo que debieran leer para ser jurados en temas literarios.


Respecto a la afirmación de Patricia Espinosa, no solo el premio nacional ha sido “la mayor fábrica de estatuas literarias para la consolidación del canon masculino”, sino que gran parte de esto ha sido impulsado por muchas de las poetas y académicas que hoy critican el machismo literario, pero que se han dado el tiempo de escribir extensas apologías sobre poetas y escritores hombres, ya sea en libros, ensayos o artículos de opinión, sobredimensionando a tipos como, por ejemplo, Nicanor Parra o Gonzalo Rojas. Personalmente creo, y doy otro ejemplo (podría dar muchos más), que la poesía de José Ángel Cuevas y Winétt de Rokha es mucho más importante que la de Parra y Rojas. Algunos dirán: “tú opinión es discutible”, obvio, porque es una opinión, pero si tuviera que argumentar lo haría con argumentos literarios, nada más, con sus obras completas sobre la mesa. ¿María Luisa Bombal se merecía el premio nacional?, por supuesto que se lo merecía, pero no por ser mujer, se lo merecía por su obra. ¿Huidobro se lo merecía?, claro que sí, pero no por ser hombre, sino por su obra. Ninguno de los dos lo obtuvo por razones ajenas a la literatura. En fin, el tema puede dar para largo, pero debe ser tratado en términos literarios no de otro tipo creo yo.

viernes, julio 10, 2020

Lo que pienso sobre el Premio Nacional de Literatura 2020


Este año, por las torpes razones administrativas de alternancia entre poetas y narradores, que la comunidad literaria conoce de sobra, el Premio Nacional de Literatura debería corresponder a un poeta. Me han llegado varias solicitudes, vía mail, para adherir a distintas candidaturas. En todo caso, para mí, desde el año 1990 a la fecha (no cuento los años de dictadura) debió haber ganado ese premio Patricio Manns, su obra poética así lo amerita. “Memorial de Bonampak” y “Cantología” son una muestra de ello. Incluso como narrador, “Buenas noches los pastores” y “El desorden en un cuerno de niebla”, también lo respaldan. Para qué voy a citar toda su bibliografía. He escuchado muchas veces, a poetas, decir que este autor es músico y no poeta, pero cuando Bob Dylan ganó el Nobel celebraron en grande. Me imagino que la celebración se debió a que Dylan escribe en inglés y fuma marihuana. En Chile, me he dado cuenta, no se juzga la obra, menos el fondo de una obra, sino la vida que los autores hacen alrededor de la literatura. Lo que prima son las “anécdotas”, relaciones con las universidades, con la prensa, excentricidades, incluso las tonterías e inconsecuencias que un autor pueda cometer. Yo pienso que los jurados que les ha tocado dirimir los premios nacionales desde 1990 a la fecha, jamás leyeron las obras completas de los postulantes. Y qué decir del acta de resolución del premio y lo que argumentó cada jurado, es secreta. Pero, ¿argumentarían?