Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

lunes, noviembre 28, 2016

Leonardo Da Vinci, fábulas y leyendas



Vastamente conocido por ser el artista que pintó la famosa Gioconda, Leonardo da Vinci abarcó en su trabajo diferentes áreas del arte y del conocimiento, legando una numerosa obra a la humanidad, incluidas una serie de fabulas y leyendas que hoy editorial Sol y Luna Libros presenta al público chileno bajo el título Leonardo da Vinci. Fábulas y leyendas, acompañadas de sugerentes ilustraciones en una cuidada edición. Los editores indican que Da Vinci: “Genio universal del renacimiento, innovador conocido por la obra artística y por la maquinaria; nos dejó, un legado de apuntes sobre pintura, música, fundición de bronce, óptica, perspectiva, anatomía y botánica, como también sobre el vuelo de los pájaros y el fluir del agua… Fue también narrador de fábulas y leyendas, colmadas de argucias y exigencias morales”. La traducción de los textos pertenece a Víctor Carvajal y las ilustraciones a Rosario Elizalde, Marianela Frank Coloma, Virginia Herrera y Fabiola Solano Luna.

El volumen lo componen setenta y cinco fábulas y leyendas de diversa temática. Aquí les presentamos dos de ellas:

EL AVARO

Cada día el sapo alargaba su hocico y mordía un poco de tierra.
“¿Por qué eres tan delgado” –le preguntó un día una chinita.
“Porque siempre tengo hambre” –respondió el sapo.
 “¡Pero si sólo te alimentas de tierra! –exclamó el gentil insecto-. ¿Por qué no comes hasta la saciedad?”
“Porque un día –dijo el avaro con tono lastimero- también la tierra podría acabarse”.

LA ARAÑA Y LA ABEJA

Cierta mañana de primavera una abeja operaria iba de flor en flor en busca de polen. De pronto, saliendo de una corola, cayó en la red de una araña. Oculto dentro de una hoja, el pequeño arácnido se alegró y acudió.
“¡Sois una traidora!” –le gritó la abeja-. “¡Tendéis tu trampa para asesinar al que labora!”.
La araña se acercó todavía más, y la abeja, volviéndose, intentó atacarla para enterrar su largo aguijón en el abdomen de la araña.
Mas, la araña lo esquivó a tiempo y le saltó encima.
“Abeja, ¿con qué derecho osas juzgarme?” –le respondió manteniéndola cautiva. “Sois como el fraude: la miel en los labios y el veneno acechando”.

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