Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

jueves, agosto 14, 2014

Breve sobre "cambio" binominal



La cámara de diputados ha aprobado legislar el “cambio” o modificación del sistema binominal de elecciones parlamentarias. Un sistema que obviamente todo demócrata está de acuerdo en eliminar, pues ha sido el sistema de elecciones más execrable del mundo. Pero, ojo. Modificar o corregir este sistema no significa, como ha dicho en tono emocionado, el ministro Elizalde, que: “si salimos adelante con esta iniciativa vamos a tener democracia de calidad, democracia con mayúscula”. Una democracia con mayúsculas no depende exclusivamente de un sistema electoral, que por lo demás seguirá siendo ajeno a la voluntad popular y continuará marginando la participación del pueblo en las grandes decisiones políticas y económicas. En todo caso, es simpático Elizalde, y cada vez que lo escucho se me viene al oído alguna canción de Jorge Negrete. Respecto a las palabras de algarabía del ministro Peñailillo, está claro que no es Séneca ni Cicerón. 

Una democracia con mayúsculas se consigue, primero, con algo muy simple en el aspecto eleccionario. Por ejemplo: Si en un distrito existen dos cupos, estos deben ser asignados a la primera y segunda mayoría, punto. Si son tres los cupos, lo mismo. El arrastre de candidatos a través de votos debe ser eliminado de raíz. Tampoco deben existir pactos ni nada de eso por intermedio de partidos o coaliciones, cada candidato debe tener el derecho a inscribirse individualmente y sin traba alguna para participar en las elecciones. Y lo fundamental: instaurar el plebiscito como máxima autoridad legislativa y revocatoria de cargos. Además debemos tener un parlamento unicameral. Esto para comenzar. Porque existe otro problema a resolver, que es histórico-cultural, y porque no decirlo, de decencia política, ético. Esto significa entender de una vez por todas que ser legislador es una tarea colectiva y en beneficio de todos y no un escalafón que da paso a privilegios personales. También se debe entender que el parlamento no está para favorecer los intereses de grupos empresariales ni para entregar nuestros recursos naturales a las transnacionales. Menos entregarles la educación, salud, previsión, vivienda e industrialización general. Un Estado bien organizado, sin fines de lucro, democrático y decente puede ser más eficaz y justo que cualquier empresa privada.

PD:
Fábula 60 de Babrio

“En una cazuela de sopa sin tapadera se cayó un ratón y ahogado por la grasa y dando ya los últimos suspiros, dice: ‘He comido y he bebido y me he llenado de todo tipo de delicadezas. Ha llegado el momento de morirme’. Serás entre los hombres como este goloso ratón si no rechazas lo que es dulce [o lo que aparenta serlo] pero dañino”.

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