Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

sábado, mayo 10, 2014

Premio Nacional de Literatura en Chile



“En tiempos de Pushkin hubo un tal Timoféiev, poeta, a quien Senkovski (‘Alone’, el Cura Dussuel, o Silva Castro) proclamó ¡el mayor de los genios! Le pertenece una obra inolvidable titulada: ¡oh, barba, barbita mía...”.  
Pablo de Rokha 

En la década del noventa, un poeta chileno escribió un verso que decía: “Los pollitos en el árbol,/ dicen pío pío”. Y créanme, no faltaron los elogios, hasta una nota de prensa obtuvo. Así son las circunstancias de la literatura. Algunos apelan a la sentencia: “en gustos no hay nada escrito”. Por otro lado, siempre me ha llamado la atención que muchos escritores, cuando se les pierde el sujeto y el predicado, recurren a argumentos tales como: “lo que pasa, oye, es que en realidad yo escribo sobre la base de la cuadratura lingüística del círculo, centrada en el metalenguaje piramidal”, u otras frases similares. Pero no opinaré mayormente sobre estas afirmaciones, porque son filosofías ajenas a mi modesto entendimiento.     

El jurado del Premio Nacional de Literatura, lo componen el ministro de Educación, el rector de la Universidad de Chile (imagino que porque sabe más de literatura que los rectores de las otras universidades), un miembro de la Academia Chilena de la Lengua, un representante del Consejo de Rectores y el último ganador del premio. Es decir, salvo el último premiado, los jurados son miembros de instituciones. Personas institucionales. Tal composición no da ninguna garantía de que la totalidad de sus miembros conozcan íntegramente la obra de los postulantes al premio, como corresponde que sea. El jurado debe ser completamente idóneo en literatura y además diverso en sus adhesiones a tal o cuál estética, esto último es fundamental para que haya debate y argumentación al momento de decidir al ganador.  

El escritor premiado debe serlo por la calidad de su obra, no por simpatías políticas, académicas, anecdotario público u otras razones no calificadas. En Chile se han cometido muchas injusticias en la historia de los premios nacionales, y seguramente se seguirán cometiendo, pero hay que tratar de evitarlas. Para comenzar, hay que desestimar opiniones de críticos literarios tipo Harold Bloom y descartar jurados estilo evaluadores del Consejo Nacional del Libro y la Lectura. En todo caso, el premio no hace mejor o peor escritor a quién no lo obtenga. Lo mismo vale para el ganador.

Después de leer la nómina de los postulantes de este año en la nota incluida en La Tercera del sábado 10 de mayo, no puedo evitar la tentación de ejercer mi derecho a opinar sobre el asunto. El ganador, a mi parecer, debería salir del cuarteto: Jorge Guzmán, Patricio Manns, Diamela Eltit y Germán Marín. En mi opinión, están absolutamente sobre el resto de los postulantes. Como diría un hípico, son clasiqueros. De Skármeta y Rosasco mejor no opino, se puede enojar mi abuelita.

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