Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

jueves, diciembre 19, 2013

La revolución chilena



(LOM Ediciones). Peter Winn, autor de este necesario e interesante libro, es historiador y ha hecho clases en diferentes universidades estadounidenses: Tufts en Boston, Princeton y Yale. También ha colaborado con columnas en prestigiosos medios de prensa como The New York Times y The Washington Post. Es autor del libro Tejedores de la revolución: Los trabajadores de Yarur y la vía chilena al socialismo (LOM, 2004). En La revolución chilena nos entrega una documentada síntesis del gobierno de la Unidad Popular y su proceso de triunfo, desarrollo y caída. Los primeros capítulos –son siete- dan cuenta de aspectos de nuestra historia, desde la llegada de los españoles, abarcando la óptica de la historia oficial (impuesta por la oligarquía) en contrapunto con “la otra historia de Chile”, aquella sufrida por el pueblo. Luego se expone un recorrido por la vida de Salvador Allende y su formación política, así como entretelones de su camino hacia el triunfo como abanderado presidencial de la Unidad Popular en las elecciones de 1970. Triunfo que el gobierno estadounidense de Richard Nixon trató de impedir por todos los medios posibles.

El cuarto capítulo, “La revolución chilena”, que da título al libro, resulta de real interés gracias a la información que entrega. En él, se expone el desarrollo de lo que Peter Winn llama “La revolución por arriba” y la “revolución por abajo”. Si bien el gobierno de Salvador Allende comenzó desde un principio a ejecutar su política de cambios más radicales, nacionalización de las riquezas básicas, reforma agraria a fondo, estatización de la banca y socialización de las grandes empresas productoras llevándolas al área de propiedad social, se preocupó siempre de realizar todo dentro de la legalidad vigente, avanzando quizá más lento de lo que los adherentes de la Unidad Popular esperaban. Era “la revolución por arriba”. Pero el pueblo también tenía su opinión al respecto y la premura de su condición le indicaba que debían exigir mayor urgencia. Explica Winn que “para la mayoría, la revolución desde abajo reflejaba la manera en que el pueblo chileno entendía el ‘triunfo popular’ de Allende en las elecciones y su ‘gobierno popular’ como la única oportunidad que tenían de realizar sus sueños. Esos sueños tendían a ser muy concretos: el caso de los pobladores, ‘una casa digna’; en el caso de los campesinos, tierra propia; en el caso de los indígenas, la tierra que perteneció a sus ancestros, y en el caso de los trabajadores industriales, el control y la nacionalización de su fábrica”. Dentro de este contexto, gran significación tuvieron la toma de terrenos, fábricas y fundos, siendo simbólicas la de la industria Yarur y la del fundo Ruculán. También la experiencia del campamento Nueva La Habana fue de gran importancia para los pobladores que vivían, en el día a día, la vía chilena hacia el socialismo.               

El gobierno popular poco a poco fue conquistando logros y entregando bienestar a la población, mejores sueldos, autogestión y participación en las empresas que pasaron al área social, pero esto para la derecha no podía ser, y comenzó a acentuar su plan de sedición contra el gobierno de Salvador Allende, la orden del gobierno de Estados Unidos era acabar con la Unidad Popular. Por su parte, la aceleración de la vía chilena desde abajo, con tomas de fundos y empresas, que superaban lo planificado por el gobierno para sus seis años de ejercicio, no aportaron mucho a destrabar los problemas económicos surgidos, por ejemplo, de embargos en el extranjero y negación de créditos. Además irónicamente, el aumento real del salario de los trabajadores, en un 30 %, produjo una demanda de productos que la industria nacional no podía satisfacer completamente, y las dificultades surgidas para poder importar productos y maquinaria, comenzaron a producir desabastecimiento, momento que aprovechó la derecha para fomentar el acaparamiento y el mercado negro, en vías de colapsar la economía chilena y derrocar a Salvador Allende. Al complot se sumaron los transportistas que, pagados por dinero estadounidense, se negaron a trasportar alimento y mercancías. Famoso es el Paro de Octubre de 1972. “La batalla por Chile” se encontró en su punto más álgido, puesto que la situación económica creada era inevitable que desembocara en la agudización de las posiciones políticas en disputa. Salieron a la calle grupos paramilitares como Patria y Libertad que se enfrentaron con las fuerzas de Izquierda y conspiraron con atentados terroristas. También se implementaron los cordones industriales como centros de autodefensa del gobierno popular.               

El último capítulo del libro ahonda en “La contrarrevolución” y la forma en que se organizó y multiplicó contra el gobierno de la Unidad Popular, como comentábamos en el párrafo anterior. También indaga en las contradicciones dentro del propio conglomerado de gobierno y los errores surgidos producto de visiones encontradas y la aceleración del proceso sin una sólida base de apoyo, sobre todo de la clase media. He aquí dos citas al libro que grafican esta situación: “Divididos entre dos estrategias –una argumentaba por una alianza con la clase media y otra presionaba por una estrategia revolucionaria ortodoxa y una alianza obrero-campesina- dejaron que ambas continuaran. Estas demoras hicieron perder un tiempo valioso en la corrección del desequilibrio económico y permitieron que se profundizaran las divisiones dentro de la Unidad Popular”. Respecto a la relación del gobierno con la oposición y el Congreso, dice Winn: “El conflicto se centró cada vez más en el uso que hacía el Gobierno de decretos del Ejecutivo para expandir el área de propiedad social que luego el Congreso –dominado por la oposición- rechazaba como ilegal mediante una ley que Allende vetaba, para ser cuestionado posteriormente por ello. El resultado fue una crisis constitucional que los moderados de ambos lados veían como algo que hacía peligrar la democracia y requería un acuerdo político”. El acuerdo nunca llegó y la Democracia Cristiana aumentó sus vínculos con la derecha, dejando prácticamente expedito el camino al golpe de Estado. Lo demás ya es historia conocida. Finalmente, en el epílogo, titulado “La transición a la democracia y el legado de la revolución”, Peter Winn entrega una síntesis de los años de resistencia a la dictadura que finalizarían con el triunfo del NO en 1988, y los sucesivos gobiernos de la Concertación, hasta una breve panorámica de las marchas estudiantiles que se desataron el año 2011.

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