Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

domingo, agosto 04, 2013

Porque Marcel Claude



El discurso de los candidatos presidenciales, que se medirán el próximo 17 de noviembre, tiene un factor común. Todos ofrecen cambios, cambios por aquí, cambios por allá, cambios más, cambios menos; en definitiva, cambios. Esto porque la gente ansía leyes que conduzcan al fin de los abusos amparados por un sistema político y económico que ha sido miserable con los trabajadores. Los analistas más entusiastas explican que la gente, a partir de las manifestaciones estudiantiles de 2011, se ha empoderado (verbo de moda, pero según la RAE en desuso) y ha dicho, algo así como, basta de abusos y de ser rebaño, también queremos ser “pastores”, o por lo menos tener los mismos derechos y oportunidades que ellos; sobre todo, no menos derechos que los que tienen los “pastores” que están apoltronados en el Parlamento. Es decir, la gente quiere participar activamente en las decisiones que tienen que ver con su presente y futuro, desean bienestar y felicidad en sus vidas, que es lo menos que se puede pedir. Los mayores cambios para lograr este bienestar apuntan a la salud, previsión, educación, vivienda y salarios dignos. Ahora bien, para que existan cambios reales es requisito sine qua non una Asamblea Constituyente que genere una nueva Constitución, arrojando al tacho de basura la actual, que es producto de un fraude. Es lo primero.

Para concretar cambios efectivos y reformas en beneficio de todos los chilenos, y no de unos pocos, es fundamental hacerlo desde una legislación verdaderamente democrática, y esto sólo puede surgir desde una Asamblea Constituyente. Es absurdo, como lo plantea la Nueva Mayoría, creer que los cambios que exige la gente se puedan hacer desde el actual sistema político, eso no es posible, y tampoco existe interés sincero, en aquéllos, para llevar a cabo dichos cambios. El fin de las AFPs y las Isapres, una reforma laboral y tributaria, y una educación gratuita, pasan primero por una nueva Constitución, lo demás son voladores de luces. Por otro lado, los partidos de la Concertación y quienes ejercieron la presidencia de la República, durante veinte años, aún deben, al pueblo de Chile, explicaciones detalladas y satisfactorias de sus acciones vergonzosas en favor del empresariado y los militares, así como de su connivencia con la derecha.

Pues bien, el único candidato que propone Asamblea Constituyente de verdad, sin monopolio ni manipulación de los partidos, como base para realizar los cambios de fondo, es Marcel Claude, por lo que quienes han estado desde 2011, en particular, y desde mucho antes, luchando por conquistar una democracia participativa e inclusiva, el 17 de noviembre tendrán la gran oportunidad de alcanzar la meta anhelada, marcando en la papeleta electoral la opción de Marcel Claude. De los demás candidatos no esperen cambios sustanciales en beneficio del pueblo. Es la gran oportunidad del mundo social, estudiantes, mineros, pescadores, jubilados, obreros, campesinos, etcétera. Porque después de tanto reclamo, denuncias, marchas y protestas, sería absurdo que los indignados chilenos votaran nuevamente por quienes son culpables de sus desgracias. El actual sistema político-económico está corrompido desde sus cimientos. La ciudadanía debe jugársela de una vez por todas, como corresponde, por los cambios a los cuales aspira, y para que ellos sean posibles el voto presidencial debe ser para Marcel Claude, es la mejor alternativa. Está demostrado que orientaciones tales como “en la medida de lo posible”, “el mal menor”, “el voto perdido”, y otras fabulaciones, no conducen a nada favorable, salvo para los empresarios y la oligarquía política. Es hora de elegir un presidente en consecuencia, de acuerdo a lo que se reclama, de acuerdo a los cambios requeridos, y todo eso lo representa Marcel Claude. Pedir cambios consecuentes con sus discursos a los demás candidatos es como “pedir peras al olmo”. Alguien podrá decir que no le gusta Marcel Claude porque desentona cuando canta o cosas por el estilo, pero aquí se trata de proyectos políticos, económicos y sociales, se trata de ideas, de propuestas reales de cambio, se trata de trabajo de unidad, se trata de por fin vislumbrar una esperanza para cambiar, definitivamente, un sistema injusto que sólo beneficia a un 15 % de la población, destruye el medio ambiente, el patrimonio cultural, depreda los recursos naturales y explota a los trabajadores mediante el crédito, la deuda y la usura. Por todas las razones expresadas, el 17 de noviembre le daré mi voto a Marcel Claude, pues con él a La Moneda vamos todos.     

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