Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

domingo, agosto 18, 2013

¿Hablemos de democracia?



Cada vez que finaliza una elección en Chile –la próxima es el 17 de noviembre-, ganadores y perdedores (aunque siempre ganan todos), incluyen en sus alocuciones frases como estas: “Nuestro país es un ejemplo de democracia”; “La ciudadanía ha dado muestras de un gran compromiso y espíritu cívico”; “Chile es un ejemplo de actitud republicana”, etcétera. Frases dichas con tanta convicción que hasta quienes las pronuncian las creen ciertas. Pero dicha sea la verdad, para que haya democracia no basta que se diga que la hay, o tener derecho a voto, pues en política suele cumplirse trágicamente aquel refrán popular que versa: “del dicho al hecho hay mucho trecho”. Respecto a la definición de democracia, por años se destacó la que diera Abraham Lincoln en su famoso discurso de Gettysburg: “La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Hoy se prefiere acudir al diccionario de la Real Academia Española (RAE), en el que encontramos dos definiciones principales: 1) “Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno” y 2) “Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado”, ambas ambiguas, pues no se especifica de qué manera concreta el pueblo es agente de participación real en los gobiernos respectivos. En el mismo diccionario existen otras definiciones de la misma índole, relacionadas con democracias apellidadas, resaltando sobretodo la llamada “democracia representativa”, que es como se considera la nuestra y la de gran parte del mundo occidental. De la definición y propósito de Linconln ni rastros. 

La “democracia representativa”, al confrontar el concepto con la realidad, nos indica que sólo es representativa de los partidos políticos, que son los que deciden por quiénes el pueblo debe votar; partidos que constituyen grandes bloques o alianzas en desmedro del ciudadano común, verbigracia de Simón o de Santiago, ambos pescadores, que quisieran ser representantes del pueblo/pueblo. La ley de partidos políticos en Chile es oligárquica y antidemocrática, discriminatoria. Y del sistema electoral binominal mejor ni hablar, en él uno más uno es igual a tres. De vivir Pitágoras habría muerto de depresión el pobre al enterarse de tamaño artificio aritmético. Los partidos políticos chilenos sufren de chanta-mesianismo y tácitamente enarbolan el ideario del despotismo ilustrado: “todo para el pueblo pero sin el pueblo”; al pueblo sólo lo convocan para que dé su voto cuando hay elecciones y así legitimar la seudo democracia que tenemos. Ante estos hechos es legítimo preguntarse varias cosas, entre ellas una muy importante: ¿Es democrático que una cúpula política radicada en la capital del país, decida que por Arica va ser candidato a diputado un señor que vive en Punta Arenas y que sólo conoce el Morro gracias a las postales turísticas? Lo verdaderamente democrático sería que los candidatos a cargos públicos de tal o cuál región solamente pudieran ser habitantes de la región en cuestión, y además elegidos por los propios habitantes de esa región. También debería existir el plebiscito revocatorio cuando un funcionario público elegido por sufragio universal sea cuestionado en su desempeño. No es democrático que los partidos políticos tengan el monopolio del gobierno, pues ellos mismos no son democráticos en su relación cúpula-militancia, por el contrario, las cúpulas imponen a la militancia decisiones tomadas con anticipación, en las comisiones políticas, mediante una suerte de congresos, conferencias o cumbres manipuladas. Y esta misma estructura funcional la trasladan luego al Estado y al parlamento cuando son electos.  

Ahora, estando conscientes de que el Estado debe ser organizado de alguna manera, ésta organización no tiene porqué ser exclusivamente potestad de los partidos políticos tal cual los conocemos hoy en Chile. De una asamblea constituyente pueden surgir otras maneras de organizar el Estado, realmente democráticas y participativas ¿Por qué razón no podrían definirse los candidatos, para todo tipo de puestos, desde sindicatos, colegios profesionales, juntas de vecinos u otras organizaciones sociales? ¿Dónde está el derecho a la libertad del derecho de elegir y ser elegido libremente, sin imposiciones oligárquicas? Los partidos políticos, así como funcionan actualmente, no dan el ancho, pues sólo ejercen de acuerdo a sus intereses e imponiéndole límites a las libertades propias del individuo, pero el pueblo no necesita más padres canónigos ni tíos metafísicos. Los partidos políticos deben reinventarse y desparecer tal cual hoy son concebidos, la democracia verdadera lo exige, aquella democracia de la cual nos hablaba Abraham Lincoln.

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