Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

jueves, noviembre 08, 2012

Canto a un condenado a muerte


(Editorial Universitaria S.A). Poemario de Pedro Morgan, que lo terminó de escribir, según se indica en el colofón, el 14 de febrero de 1960 en el pueblo de Los Sauces en la provincia de Malleco. El libro es curioso en varios sentidos, ya sea por el misterio que rodea al autor o por su calidad de inencontrable y desconocido en la actualidad, además de ser el único libro publicado por Morgan. En la solapa de volumen se cuenta que Pedro Morgan nació en Nacimiento en 1936 y es autor de algunos cuentos que fueron publicados en periódicos sureños. También se dice siendo alumno del Liceo de Traiguén escribió y dirigió una comedia llamada “Los grandes locos”. Indagando por aquí y por allá pudimos descubrir quién estaba detrás del personaje -o del seudónimo de Pedro Morgan-. Se trata de Rudy Manns, hermano del célebre compositor, escritor y trovador Patricio Manns, mayor un año que éste y ya fallecido. Pero nos dejó este curioso y solitario libro del que los editores afirmaron, al ser publicado, que: “nos sorprende por su originalidad. No podemos decir que pertenece a una determinada escuela o tenga influencias de algún poeta ya consagrado”. Creemos que no erraban en el juicio emitido, pues Canto a un condenado a muerte es un conjunto de poemas que para la época en que fueron escritos (y aún hoy) sorprenden en muchos aspectos. Pedro Morgan entrega una poesía con matices existencialistas mezclados con imágenes afincadas en lo real de lo cotidiano. Para ello utiliza un lenguaje bastante amplio y asequible, lleno de disquisiciones que no se alejan del ser común y corriente ni caen en intelectualismo agotadores, tan en boga entre quienes, hoy en día, escriben poemas desde la teoría.

Dice uno de los textos de Morgan: “canto en fin porque soy libre madrugador/ de la tierra antigua./ y llegará el día en que como ellos/ erraré por el mundo y sus caminos/ y el aire pisoteado lo tragaré a pulmón lleno./ y pasaré el hambre que crea fantasías,/ y morderé la angustia que atraviesa el corazón./ y cuando el vaho de la muerte me rodee,/ buscaré un sitio tranquilo lleno de paz y dicha/ y haré que mis cansados ojos no se abran nunca más”.

En cuanto al poema que inaugura el poemario y le da el título, está dedicado a Caryl Chessman, ejecutado en la cámara de gases en la prisión de San Quintín en los Estados Unidos, en 1960. En el texto el poeta expresa su rechazo a la pena de muerte: “(políticos y gobernadores/ de cejas subrealistas y bigotes remojados),/ se los entienden perfectamente para acelerar el fuego ionado/ que alimenta el carcelero./ atención: las bestias están coléricas”.

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