Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

viernes, julio 20, 2012

Nietzsche y la poesía


Friedrich Nietzsche es sin duda uno de los escritores más influyentes en el desarrollo del pensamiento universal durante el siglo XX. Sus ideas y planteamientos sobre la sociedad, literatura, historia, religión, arte, filosofía, ciencias, etcétera, han encontrado eco, de distintas maneras, en el imaginario de miles de seres humanos, aunque no siempre han sido comprendidas a cabalidad las expresiones, muchas veces contradictorias, de su intelecto. Porque, es cierto, Nietzsche fue un escritor de carácter y conceptos contradictorios, como lo es la propia vida: dialécticamente contradictoria, y sólo en ese sentido dialéctico creemos que puede ser comprendido del todo. La comunidad intelectual, siempre gozosa –en general- de las clasificaciones metafísicas, encasilla al autor, mayoritariamente, como filósofo, pero Nietzsche fue en esencia poeta, lo de filósofo viene por añadidura, como complemento elemental u obvio si se quiere. Todo poeta posee nichos de filosofía y todo filósofo contiene semillas de poesía, pero no todos desarrollan esas facultades de la manera como lo hizo Nietzsche.

Friedrich Nietzsche escribió sus libros, fundamentalmente, con un lenguaje aforístico, utilizando una prosa poética no siempre clasificable en el sentido en que les gusta clasificar a los intelectuales clasificadores. De hecho, Así habló Zaratustra es un poema donde interactúan lo épico, lo trágico, lo lírico, lo filosófico. En esta obra el poeta bulle en toda su magnitud, y en mi opinión creo que se orienta en el mismo sentido y altura en que lo hicieron poetas como Homero, Hesíodo, Virgilio, Ovidio, Valmiki, Viasa, Dante y De Rokha, cada uno –obviamente- centrado en su propia intensidad cosmogónica, mística y social. Nietzsche, a la par que escribió los libros por los cuales es conocido en el mundo –Humano demasiado humano, El caminante y su sombra, Más allá del bien y del mal, El Anticristo, Ecce Homo, entre otros-, también escribió numerosos poemas que no han tenido la difusión de los libros mencionados.

Las poesías de Friedrich Nietzsche son de tono lírico, y en ellas encontramos mucho de sus postulados filosóficos e ideas con respecto al ser humano y su azar, al ser humano y su impronta sobre la Tierra. El poema “La gaya ciencia”, dice en una de sus partes: “Esto no es un libro; ¡qué encierran los libros!/ ¡qué encierran sarcófagos y sudarios!/ Esto es una voluntad, una promesa,/ esto es un viento marino, un levar anclas,/ esto es una última ruptura de puentes,/ un rugido de engranajes, un gobernar el timón;/ ¡brama el cañón, blanco humea su fuego,/ ríe el mar, la inmensidad!”. Otro tema de sus poemas es el amor, tratado de manera nietzscheana, por decirlo de alguna manera, tormentoso, réprobo, inconcluso, aunque sus mayores preocupaciones poéticas –y al parecer en la vida diaria- no se centraron precisamente en el amor de pareja. Una pista, a nuestro entender, nos la da el poema “Sils-María”: “Aquí estuve sentado, esperando, esperando… nada/ más allá del bien y del mal, gozando/ a veces del sol, a veces de la sombra./ todo juego, todo mar, todo mediodía, todo tiempo sin meta./ Y de pronto, amiga mía, de uno se hizo dos/ y Zaratustra pasó por mi lado…”. Nietzsche aborda todo –o por lo menos lo intenta-, desmenuza desbordando los motivos y pasiones, lo arcano y lo luminoso, lo fugaz y lo permanente, lo racional y lo mítico. La muerte de dios, el suprahombre, el eterno retorno, la voluntad de poder: “Voluntad de verdad llamáis vosotros sapientísimos a lo que os impulsa y os pone ardorosos?/ Voluntad de volver pensable todo lo que existe: ¡así llamo yo a vuestra voluntad!/ Ante todo queréis hacer pensable todo lo que existe: pues dudáis, con justificada desconfianza, de que sea pensable./ ¡Pero debe amoldarse y plegarse a vosotros! Así lo quiere vuestra voluntad./ Debe volverse liso y someterse al espíritu, como su espejo y su imagen reflejada./ Ésa es toda vuestra voluntad, sapientísimos, una voluntad de poder;/ y ello aunque/ habléis del bien y del mal y de las valoraciones./ Queréis crear el mundo ante el que podáis arrodillaros:/ ésa es vuestra última esperanza y vuestra última ebriedad”.

El escritor alemán fue sin duda un poeta forjado por dimensiones de múltiples contrastes: ¿vidente? ¿vesánico? ¿sabio? ¿transeúnte? ¿negación de la negación? ¿unidad y lucha de contrarios? ¿dionisiaco? ¿salvación? ¿fugitivo? ¿naufragio? En fin, lo válido es lo que escribió el propio Nietzsche desde su imaginario de habitante inmerso en el mundo occidental, donde la sociedad suele nutrirse de disquisiciones vanas y los prejuicios implantados a sangre y fuego por el calvario del Cristo. La poesía de Nietzsche es de anchos caminos, de lenguaje envolvedor y de profundos presagios. Se disfruta como se disfruta el sol, el sueño y la lluvia: “Mi sol ardía sobre mí a mediodía:/ ¡Bienvenidos seáis,/ vientos inesperados,/ fríos espíritus del atardecer!/ Pasa la brisa extraña y pura./ ¿Me estará haciendo guiños la noche/ con su oblicua/ mirada seductora?/ ¡Mantente firme, valiente corazón!/ No me preguntes porqué” (...) “Sólo olas y juego alrededor./ Todo cuanto fue fatigoso una vez/ se ha hundido en azul olvido-/ Ociosa está ya mi barca./ ¡Ha dejado atrás tormenta y viaje!/ Ahogado deseo y esperanza,/ en calma están el alma y el mar”.

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