Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

domingo, marzo 04, 2012

Pinceladas de Madrid

Para cualquier visitante que llega a Madrid le es difícil, a simple vista, dimensionar la crisis económica que envuelve a España -se calculan en más de cinco millones los desempleados-. Me imagino que debe suceder algo parecido en otras ciudades de países europeos afectados por la crisis y que viven del turismo, manteniendo sus calles bullentes de viajeros de todo el mundo que copan restoranes y tiendas. El paisaje urbano de Madrid, su arquitectura patrimonial, sus callejuelas de otros siglos, sus parques y museos impresionan gratamente. Todo bien conservado y limpio. Al viajero que llega, desde Santiago de Chile, sin duda que el excelente funcionamiento del transporte público de Madrid le debe producir envidia y rabia al compararlo –inevitablemente- con el horroroso Transantiago.

En las últimas semanas, además de las noticias futboleras y la entrega de los premios Goya, dos acontecimientos han llamado la atención de la prensa escrita y los programas de televisión: La dura reforma laboral impuesta por el gobierno derechista de Mariano Rajoy y la condena del emblemático juez Baltasar Garzón, que fue expulsado del poder judicial acusado de prevaricación, esto a pesar de que el 60 % de los españoles creen que los juicios, a los que fue sometido, no fueron ni más ni menos que un montaje en su contra; de hecho, durante la entrega de los premios Goya, el pasado 19 de febrero, fue galardonado un documental sobre el juez Garzón dirigido por Isabel Coixet, recibiendo muestras de apoyo innegables de parte de los asistentes. Durante la premiación también hubo expresiones de solidaridad a la manifestación en las calles, que se llevó a cabo ese mismo día, en contra de la aplicación de la reforma laboral.

En cuanto a la reforma laboral, que desató la ira de los principales sindicatos del país (UGT y CC OO), y provocó la protesta del 19 de febrero, se trata de una reforma que permite, por ejemplo, a las empresas que se declaren con problemas de caja, despedir personal pagándoles una indemnización bajísima, de “sólo 20 días por año trabajado con un máximo de una anualidad”. Algo que para la mayoría de los ciudadanos resulta impresentable. Lo mismo que cualquier recorte a los presupuestos de salud, educación, o de otra índole, que afecten los beneficios sociales obtenidos por los trabajadores y estudiantes. La indignación de la gente contra el gobierno es tan dura como su reforma, y viene de los más variados sectores, lo que resulta impactante si consideramos que Rajoy asumió la presidencia del gobierno hace poco más de cincuenta días. La protesta del 19 de febrero convocó a manifestantes en cincuenta y siete ciudades de España y sólo en Madrid los sindicatos hablan de una cifra de asistencia cercana al medio millón de personas, aunque otras fuentes calculan a los manifestantes en poco más de cien mil. Según la policía fueron sólo cincuenta mil. Cálculos más, cálculos menos, lo concreto es que el descontento existe y se vislumbra un tenso y oscuro panorama en la economía española y un aumento del desempleo. Las exigencias del FMI son leoninas. Incluso los más pesimistas piensan que España va camino a ser una segunda Grecia. Pero quienes no se inmutan por la crisis ni se ven afectados, son los de siempre, los bancos y los grandes consorcios, pues sus ganancias siguen aumentando a costa del empobrecimiento de los trabajadores.

En todo esto, resulta llamativa la posición del movimiento de los Indignados (15-M), que no sólo se manifestaron contra la reforma laboral, sino que además repudiaron a los dirigentes sindicales que convocaron a marchar por las calles, muchos de los cuales son acusados de corrupción. El 15-M representa, de una u otra manera, a un amplio sector social que ya no cree en modo alguno en el neoliberalismo ni en las instancias “democráticas” basadas en las estructuras de poder que se desprenden del capitalismo. Este movimiento suma cada día más adeptos y, posiblemente, en él radicará, en el futuro, la posibilidad de exigir con mayor fuerza cambios políticos y económicos que sí sean considerados. Entre los manifestantes del 19 de febrero no faltaron los chilenos que, un día, partieron a España en busca de mejores horizontes económicos y hoy han pasado a formar parte del elenco de los cesantes. Algunos de ellos han debido buscar las más variadas maneras de sobrevivir, como es el caso de un joven llamado Tomás, oriundo de Calama, que pasa los días tocando zampoña en una calle aledaña a la Plaza Mayor de Madrid ¿Qué será de él mañana, así como de otros compatriotas que están siendo despedidos de sus empleos? Es una pregunta sin respuesta.

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