Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

domingo, diciembre 04, 2011

Escritores y Consejo del Libro

Con motivo de las postulaciones a los fondos concursables 2012, que otorga el Consejo Nacional del Libro y la Lectura, ha circulado una carta, firmada por la Corporación Letras de Chile y la Sociedad de Escritores de Chile (SECh), en la cual manifiestan su disconformidad con las nuevas bases y disposiciones para postular a dichos fondos, haciendo un llamado a todos los escritores chilenos “a expresar su más categórico rechazo a estas BASES que pretenden instaurar el mercantilismo en el proceso creativo, de publicación y difusión de nuestro quehacer literario”.

Al leer los puntos de la declaración –por lo menos para mí- queda claro que los firmantes tienen razón en el reclamo que expresan, pero el asunto de fondo es otro, y tiene que ver con la relación surgida, desde la creación del Consejo del Libro, y en especial en los últimos años, entre éste y los escritores. Tiene que ver con la transparencia o no transparencia en los vínculos que, colectiva o individualmente, han establecido los escritores con dicho organismo. Digo esto porque, por ejemplo, SECh, que es una de las organizaciones que firman la carta, tiene dos representantes en el Consejo del Libro, con derecho a voz y voto; y en dicho consejo, según explica el abogado de la entidad, Carlos Zárate, se habrían aprobado –por unanimidad- las nuevas bases de los fondos concursables. Por lo tanto, sería fundamental poder leer las actas del consejo y los informes escritos de los representantes de SECh, para conocer las opiniones que en las sesiones del consejo vertieron, sobre el tema, los señores Gregorio Angelcos y Víctor Sáenz, representantes de los escritores, a través de SECh, en el momento de la aprobación de las bases cuestionadas.

Además, es importante señalar que integran –o integraban- el Consejo del Libro, a la fecha de la implementación de las nuevas bases, y según consta en el sitio Web del Ministerio de Cultura: Verónica Abud, representante del ministerio de Educación; Magdalena Krebs, directora de DIBAM; Jaime Espinosa Araya, representante del Consejo de Rectores; Patricio Sanhueza Vivanco, representante del Consejo de Rectores; Eduardo Castillo García, representante de la Cámara Chilena del Libro; Juan Carlos Sáez, representante de los Editores de Chile; Jaime Gajardo Orellana, presidente del Colegio de Profesores y Cecilia Jaña Monsalve, representante del Colegio de Bibliotecarios de Chile. La secretaria ejecutiva del Consejo del Libro y la Lectura era Tatiana Acuña, que hoy ha sido reemplazada en sus funciones por Paz Balmaceda.

Resulta curiosa la composición del Consejo del Libro, sobre todo en cuanto a que algunas entidades tienen dos representantes y otras, solo uno. Respecto a los representantes de los escritores, designados por SECh, no se tiene claro cuál es el proceso para nominarlos; y, en el caso de los señores Gregorio Angelcos y Víctor Sáenz, no se sabe con qué otros postulantes a consejeros compitieron. No se sabe si fue una designación política o sobre la base de méritos literarios y de conocimiento del medio editorial nacional. Los representantes de SECh tienen la facultad –y la han ejercido con creces- de proponer evaluadores para los fondos concursables, los que en su mayoría han sido aceptados, esto se puede comprobar al revisar las nóminas de evaluadores que publica el Consejo del Libro tras los resultados de las postulaciones. SECh también nomina jurados para importantes concursos nacionales y regionales. En este punto, nominación de evaluadores y jurados, existen bastantes oscuridades, porque, al revisar los antecedentes de los evaluadores y jurados propuestos por SECh, cualquier persona de regular inteligencia se da cuenta que muchos de ellos son personas sin méritos literarios, sin currículum ni conocimientos cabales sobre el tema que deben calificar. Todo esto se realiza con el beneplácito de la Secretaría Ejecutiva del libro y del ministro Luciano Cruz-Coke. Con la Concertación sucedió de igual manera. Tal situación ha provocado que en el proceso de evaluación de los proyectos que se presentan se produzcan notorias irregularidades y componendas.

No se saca nada con protestar por mejorar las bases de los fondos concursables si no se reglamenta con seriedad la manera de nominar evaluadores y jurados. Incluso algunos escritores -ligados a SECh- han convertido en una profesión ser evaluadores y jurados, prácticamente consuetudinarios, pero cuando uno busca leer la obra literaria -o trabajos publicados sobre literatura-, que los respalden, no encuentra nada que los justifique en relación a otros escritores que sí ejercen el oficio de escritor con seriedad y conocimientos, pero que son descartados por el Consejo del Libro. Esto no es un problema menor. Si bien es cierto que se deben cambiar muchas cosas en el Consejo Nacional del Libro y la Lectura, también se deben cambiar las maneras de proceder de la comunidad literaria en todos los estamentos que ésta involucra.

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