Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

viernes, julio 22, 2011

La educación y el cambio de gabinete

El reciente cambio de gabinete, realizado por el presidente Sebastián Piñera, no es más que gatopardismo, un enroque entre integrantes de la misma manada. Un ardid para salir al paso de las críticas por la mala gestión del gobierno y sus ministros. Ahora, que el ex ministro de justicia, Felipe Bulnes, haya reemplazado a Joaquín Lavín en el Ministerio de Educación no resuelve el problema de la educación en Chile, o alguien puede creer que Bulnes tendrá una disposición diferente y aceptará las peticiones de los estudiantes.

El perfil del ministro Bulnes es el de un patrón de fundo, al estilo de Carlos Larraín, pero elegante y astuto comunicacionalmente. Felipe Bulnes ha dicho que la solución para el problema de la educación es el proyecto de la UDI y de los empresarios, llamado GANE, y que la “hora de los paros y marchas terminó”. También ha dicho que ha convocado; nótese, él ha convocado a los rectores, a los profesores y a la Confech a conversar, seguramente, y aunque no lo ha dicho, en su despacho. El gobierno pretende, e intenta, que Bulnes sea una especie de exterminator del movimiento estudiantil, pero sin derramar sangre.

Por su parte, Piñera ha dicho (se le salió dicen algunos) que “la educación es un bien de consumo”, ratificando con sus propias palabras lo que ya sabemos que él piensa acerca de la educación. El trabajo encomendado a Bulnes consiste en doblarle la mano, diplomáticamente, a los estudiantes, engatusándolos y llevándolos a su terreno, el terreno de “respetar las leyes” y “la voz del parlamento”, según dictan las bulas del Estado burgués. Tal es el objetivo central del ministro Bulnes, bajar el movimiento estudiantil y luego aprobar el GANE con la anuencia de los rectores, profesores y estudiantes, legitimando con ello el lucro y el sistema neoliberal.

Es de esperar que los estudiantes sigan movilizados, no cedan en sus peticiones y rechacen el diálogo bajo las condiciones que intenta imponer el gobierno a través de su nuevo ministro. Ha llegado la hora de cambios profundos que erradiquen las cadenas, aún vigentes, de la dictadura pinochetista.

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