Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

jueves, julio 21, 2011

El cuaderno de Maya

(Editorial Sudamericana). Último libro de Isabel Allende, escritora galardonada con el Premio Nacional de Literatura 2010. Allende es una de las escritoras más vendidas en el mundo y está traducida a varias lenguas, por lo que cada vez que aparece alguno de sus libros sus seguidores –y sus detractores- permanecen expectantes ante la novedad. Esta vez nos entrega una novela protagonizada por Maya Vidal, una joven de diecinueve años que viaja desde Estados Unidos al archipiélago de Chiloé, en Chile, donde se reencuentra con sus raíces. Maya porta un cuaderno, regalo de su abuela, que le servirá para ser utilizado como un diario de vida, allí la joven lleva al dedillo su bitácora de vicios, afectos, asombros e interrogantes. Su abuela es el vínculo de Maya con Chile, pues la anciana –según escribe la protagonista- “en 1974, en Chile murió su primer marido, Felipe Vidal, unos meses después del golpe militar que derrocó al gobierno socialista de Salvador Allende e instauró una dictadura militar en el país. Al encontrarse viuda, ella decidió que no quería vivir bajo un régimen de opresión y emigró a Canadá con su hijo Andrés, mi papá”.

Como ya es tradicional, Isabel Allende incluye en El cuaderno de Maya toda la gama de sentimientos que requieren este tipo de relatos. Nos encontramos con el monólogo interior, las relaciones amorosas, la amistad, la adolescencia y sus síntomas contradictorios entre un pasado y un futuro que van y vienen confusamente. También están presentes la decadencia social y las tentaciones que impulsan a una joven al mundo de la droga, la promiscuidad sexual, la relación con malacatosos y las intrigas policiales. La narración es fluida dentro del estilo ya conocido de Isabel Allende, aunque la trama se torna en ocasiones quizá poco creíble.

Por otro lado, Allende aprovecha de tocar temas de actualidad como son la discriminación, la incomunicación y obviamente la condición femenina. Respecto al personaje, la misma autora explica que “Esta Maya me ha hecho sufrir más que ningún otro de mis personajes. En algunas escenas le habría dada unas cachetadas para hacerla entrar en razón, y en otras la habría envuelto en un apretado abrazo para protegerla del mundo y de su propio corazón atolondrado”.

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