Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

jueves, junio 09, 2011

Antes de que yo muera

(Ediciones Universidad Diego Portales). Memorias –o recuerdos- del escritor Germán Marín. Con el buen lenguaje que lo caracteriza, Germán Marín da rienda suelta a sus recuerdos, a la evocación de los escenarios que le ha tocado enfrentar en parte de su vida, siempre llenos de personajes con algo interesante que decir, o por lo menos intentar decir. Lo hace de manera azarosa, sin un libreto determinado cronológicamente, a pesar de que el libro se divide en tres partes de las cuales se desprende que representan la infancia (Pantalones cortos), la juventud (Horóscopos vencidos) y la edad madura o adultez (Mareas bajas). Y como la memoria a veces es frágil; y en ocasiones, al terminar una historia, el autor se da cuenta de que algo faltó, acompaña cada relato de una addenda.

Germán Marín, en sus recuerdos, evoca lugares y nos entrega semblanzas de personajes que, de uno u otro modo, lo marcaron, con diferentes matices y sentidos durante su vida, aunque no entra en detalles íntimos sobre esto. En la narración incluye recuerdos de sus padres, de amigotes y otros no tanto y de las ciudades donde vivió, resaltando entre éstas Buenos Aires, Barcelona y Pekín. También nos acerca su exilio y rememora anécdotas sabrosas, como, por ejemplo, cuando fue testigo del fallido duelo a pistola entre Enrique Lihn y Jorge Teillier, el que debía llevarse a cabo en la Quinta Normal. Otro episodio es cuando recuerda su paso por la Escuela Militar -“Una equivocación”, nos dice Marín- y la figura de un capitán de apellido Pinochet, que se llegó a oponer a la amistad del futuro escritor con su sobrina Marlén y “a la cual quiso imponer mediante los padres, si no renunciaba a su amistad conmigo, el ingreso a un convento de las carmelitas”. En la adeenta de esta historia, relata Marín: “Si bien por entonces, como parecía ser, la autoridad del capitán Pinochet alcanzaba también a la familia de progiene, su sobrina Marlén no hacía mucho caso de él y, como a veces burlona me señalaba, mientras masticaba un chicle Adam’s, a él le gustaba tener encerrado a medio mundo. Al tener claro del Pinochet que conociera bajo sus órdenes, acerca del cual se sabía que, durante el gobierno de González Videla, participara como mando en el campo de concentración de Piragua, adonde estuvieron detenidos numerosos militantes comunistas, entendía que hablaba en serio respecto a Marlén. No la imaginaba vestida de novicia, de hábito pardo y calzado de sandalias, perdida en la quietud de un convento de extramuros. Por suerte quiso el destino para ella, poco tiempo después, veleidosa como era, deslumbrarse con cierto jovencillo universitario que la llevó a darme a darme calabazas y de mi parte, felizmente, desaparecer para siempre del tramado de la familia Pinochet”.

Otros personales interesantes, en el plano de la literatura, que evoca Marín, y que conoció cuando aún no se vislumbraba el escritor que hoy es, son Borges, María Luisa Bombal, García Márquez, Juan Rulfo, José Donoso. Así se entretiene Marín…, antes de la muerte.

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