Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

sábado, junio 25, 2011

200 años del Congreso Nacional

El 04 de julio del año en curso -2011- se cumplen doscientos años de la instalación del primer Congreso en Chile, que funcionó entre el 4 de julio y el 2 de diciembre de 1811, a iniciativa de la Primera Junta Nacional de Gobierno, creada el 18 de septiembre de 1810, la que –recordemos- fue elegida sólo con representantes de Santiago. El Primer Congreso Nacional debió sufrir varios remezones en su corta existencia, como, por ejemplo, tener que acatar las exigencias de José Miguel Carrera y su grupo insurgente, que reclamaban mayor radicalidad política frente a los españoles y también una modificación en la composición del Congreso, que favorecía claramente a la capital y a quienes tenían una actitud conservadora ante la idea de una independencia plena. Esto sucedió el 4 de septiembre de 1811. Una de las principales acciones, en el nuevo escenario en que se vio comprometido el Congreso, fue declarar la libertad de vientres impulsada por don Manuel de Salas. Posteriormente, producto de diferencias entre los Larraín, uno de los clanes familiares más influyentes, y los hermanos Carrera, se generaron conflictos que motivaron la renuncia de la Junta Ejecutiva en ejercicio y la formación de una nueva junta integrada por Gaspar Marín, Bernardo O’Higgins y José Miguel Carrera. Pero este último, que además comandaba la fuerza militar, disolvió el Congreso el 2 de diciembre, entrando el país en un nuevo estadio de la lucha independentista.

Tras la independencia definitiva de Chile, declarada el 12 de febrero de 1818, al conmemorarse un año de la batalla de Chacabuco, el Congreso retomó sus funciones. Entre 1818 y 1828 sólo funcionó como Senado. También sufrió períodos de clausura, los que ocurrieron entre los años 1924-1925; entre junio y octubre de 1932, y entre 1973 y 1989. Este último período corresponde a los diecisiete años que duró la tiranía militar encabeza por Augusto Pinochet. Actualmente, y desde 1990, el Congreso Nacional funciona -dentro de una democracia binominal- amparado en la Constitución de 1980 y en la Ley orgánica constitucional Nº 18.918, tal como lo expresan en su Web corporativa. Además, agregan que entre sus principales funciones está la de “ejercer la representación de la ciudadanía”. Y es sobre la base de esta frase que nacen algunas preguntas necesarias de hacer: ¿A doscientos años de la creación de nuestro Poder Legislativo, realmente éste representa a la ciudadanía? ¿Para que exista una democracia plena, sirve la actual composición y sistema de elección de los legisladores?

Podrían plantearse docenas de preguntas más, y todas apuntarían a poner en tela de juicio las afirmaciones, de que vivimos en una democracia ejemplar, de las que hacen alarde los legisladores de la República, que si observamos bien son, en un ochenta por ciento, los mismos apellidos que impusieron una manera de gobernar en Chile desde que asumió cargos oficiales, en 1830, Diego Portales y Palazuelos, un mercader déspota que confundió el erario nacional con su propios recursos, pero que gracias a la manipulación de la historia, de parte de la oligarquía, hoy tiene una estatua en la plaza de la Constitución. Es decir, la llamada era republicana partió mal desde un principio.

Hoy en Chile tenemos un Congreso cuyos integrantes son elegidos mediante un sistema electoral llamado binominal, el cual permite la aberración de que puedan ser elegidos candidatos que saquen menos votos que sus oponentes. Todo esto bajo el alero de la Constitución de 1980, aprobada fraudulentamente mediante la fuerza de las armas durante la dictadura pinochetista. Por otro lado, los partidos políticos imponen a los candidatos entre los cuales se debe elegir, el pueblo no tiene derecho a proponer nada. En cuanto a los resultados del trabajo legislativo, si bien es cierto que, a lo largo de su historia, en el Parlamento se han aprobado leyes favorables a los trabajadores (en general con letra chica incluida), son más las leyes que han favorecido los intereses de los sectores más pudientes, hoy en día identificables con los empresarios y las transnacionales, cuyos vínculos con los legisladores no son imparciales. A doscientos años de la fundación del Congreso era de esperar que los parlamentarios estuvieran en una etapa superior de desarrollo y las leyes que promulgan favorecieran a la mayoría de los chilenos, pero esto no sucede así. Los senadores y diputados de la República legislan sobre intereses contrarios al pueblo y al Estado, privilegiando a quienes financian sus campañas políticas antes que a la clase trabajadora, que es la que produce la riqueza. Por lo tanto, a doscientos años del primer Congreso Nacional aún hace falta democratizarlo, impulsando leyes que permitan revocar de sus cargos a los parlamentarios mediante un plebiscito y desarrollando la idea de una Asamblea Constituyente en su reemplazo.

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