Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

jueves, diciembre 23, 2010

Canon, cenizas y diamantes de la narrativa chilena

(Editorial Debate). El novelista y crítico literario Camilo Marks, nos entrega un estudio sobre lo más significativo de la narrativa chilena desde el siglo XIX a la actualidad. Aclara eso sí –en la introducción- que se trata de un trabajo que representa su canon personal, explica: “Debo agregar, asimismo, que el canon aquí elaborado es personal. Me abstendré de proporcionar las definiciones de la palabra ‘personal’ que, como sea, no quiere decir subjetivo, arbitrario, inmotivado o inconsistente. He elegido destacar a los autores y autoras que hoy por hoy me parecen relevantes, que se leen porque tienen algo que decir al público actual, que, como lo repetiré muchas veces, mantienen su vigencia y poder literario, ciento cincuenta, cien, cincuenta, treinta años después de haber publicado las obras que los consagraron o bien merecen ser leídos y releídos muchas veces, a pesar de que en algunos casos se trate de narradores fuera de circulación, semiolvidados o sumidos en el olvido. Naturalmente, me he guiado por mi criterio, mi gusto, mis preferencias. Sin embargo, también dedico un importante espacio a escritores que nunca me han parecido atractivos, pero cuya importancia es innegable. Nuestra literatura, como todas, tiene mitos, casos singulares, figuras de culto y debe prestárseles atención, sea para confirmar ese estatus, sea para discutirlo”.


El volumen es de lectura agradable y expedita –aún cuando se pueda no compartir algunos de los juicios del autor-. Camilo Marks sin duda sabe de lo que habla, posee amplios conocimientos sobre literatura, aunque esto último no significa que, en ocasiones, elegantemente (y en otras no tanto), enjuicie temperamentalmente a ciertos escritores que, como queda en evidencia, no son de su gusto pero se ve obligado a nombrarlos. Es el caso de Carlos Droguett, un referente obligado en nuestras letras. A otros autores sólo los menciona brevemente; y los que son de su preferencia reciben extensos párrafos, por ejemplo Roberto Bolaño. Caso aparte son Diamela Eltit y Germán Marín, a quienes exalta con entusiasmo de fans club. Por otro lado, si bien este es un libro sobre la narrativa chilena, en las páginas 139 a 141 se las arregla para entregar su visión de la poesía, y aunque sea someramente, quedan claras sus preferencias al respecto, ceñidas a poetas beatificados por la crítica mercurial-académica tal como lo fue Santa Teresita de los Andes en su momento. Además muestra desdén por lo que se ha escrito en poesía desde 1980 y 1990 en adelante.


Llama la atención que Camilo Marks prodigue tantas alabanzas al predicador literario Harold Bloom y que en su recuento no mencione a escritores como Patricio Manns, Ramón Díaz Eterovic, Pavel Oyarzún, Jorge Guzmán y Juan Mihovilovich, por ejemplo. Loando en cambio a autores como Elizabeth Subercaseaux, Roberto Ampuero y Jorge Edwards. En todo caso, una opinión más, una opinión menos, siempre es bienvenida, aunque alguien pudiera exclamar: ¡Válgame Dios!

2 comentarios:

gonzalo dijo...

bien por el venir y olvidarse de la palabra.

Anónimo dijo...

Por que no:)