Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

sábado, septiembre 04, 2010

Notas del Bicentenario

Las celebraciones por nuestro Bicentenario (18 de Septiembre/ 1810-2010), como nación independiente, se anuncian con entusiasmo. Claro que un entusiasmo que apunta más al boato y patriotismo ramplón que a una reflexión sobre si la Republica de Chile, en doscientos años, ha logrado ser un país justo, donde todos sus habitantes disfruten de sus logros económicos y desarrollo social. En la última década el discurso oficial ha instalado la imagen de un Chile próspero, democrático y ejemplo de pujanza económica, donde “las instituciones funcionan” y la justicia es igual para todos los chilenos. Si bien, tras la dictadura pinochetista, se lograron avances, por lo demás obvios y básicos, en los temas que destaca el discurso oficial, todavía falta bastante para que el discurso y la práctica logren un equilibrio real.

El Bicentenario encuentra a un Chile golpeado por una catástrofe natural, como fue el terremoto y maremoto de febrero 27, que desnudó nuestra apariencia de país del Primer Mundo y puso en evidencia a un pueblo sumido en el letargo social, sin capacidad de respuesta ni de organización ante los abusos de la clase empresarial. En cuanto a la economía, aún repercute el saqueo a las empresas del Estado por parte de los grupos económicos derechistas. La explotación, el trabajo informal y la cesantía así lo demuestran. Dentro de este saqueo se incluye la creación de las AFP e ISAPRES, y la privatización del agua y la luz. La salud es un descalabro permanente y la educación se ha transformado en una torre de Babel sin destino predecible, aunque todo indica que mantener la ignorancia es el norte de quienes hoy administran la educación, y si además se lucra con ella mejor todavía. 

El Bicentenario también nos encuentra gobernados por una clase política que, en lo de fondo, no se diferencia mucho de la que gobernaba durante el Centenario, ambas se han considerado dueñas del Estado, apropiándose de él y usándolo en beneficio propio. Hemos pasado de la República oligárquica a la República oligárquica-empresarial, las dos con un imaginario de sentirse europeos. En nuestro país no existe conciencia colectiva sobre nuestra naturaleza latinoamericana y problemas cotidianos, tampoco sobre nuestros orígenes mestizos. Menos existe respeto por nuestro patrimonio cultural, al que se le ve como accesorio, incluso como algo simplemente pintoresco. En la formación de esta visión ha ayudado mucho la televisión con sus programas saturados de imbecilidades a cargo de parásitos intelectuales con tribuna pública.

Los doscientos años serán celebrados por un gobierno derechista neoliberal con raíces pinochetistas, un gobierno con carácter de patrón de fundo y populista. Todo dentro de una democracia que no es lo que parece. Una democracia que permite, entre otras cosas: 1) la represión al pueblo Mapuche mientras a quienes están condenados por atropellos a los derechos humanos se les permite dar conferencias de prensa desde la cárcel. 2) acusar de terroristas a jóvenes por el simple hecho de adherir al anarquismo o repudiar el sistema neoliberal. 3) aceptar unas fuerzas armadas doctrinariamente facistoides, hipócritas y arrogantes. 4) aceptar la intromisión de la Iglesia Católica en asuntos que no le competen, vulnerando el derecho a la libertad de culto y a la práctica legítima del ateísmo. 5) cuestionar, por parte de algunos políticos e instituciones, las opciones sexuales de las personas y entrometerse en decisiones personales relacionadas con el aborto, eutanasia, divorcio, concepto de comunidad y familia, etcétera. 6) que la libertad de prensa sea limitada por los recursos económicos, y dentro de este panorama el gobierno financie –a través del avisaje comercial estatal- a los grandes monopolios de la prensa como son los diarios de las cadenas El Mercurio y Copesa. 7) que se pretenda distorsionar la historia, haciéndonos creer que tipos como, por ejemplo, Bernardo O’Higgins, Diego Portales, Gabriel González Videla, Gonzalo Vial o Jaime Guzmán han sido un ejemplo de lo que debe ser un demócrata.   

El Bicentenario da para todo. Incluso para considerar celebrarlo con una ridícula y patriotera MegaBandera izada en la Plaza de la Ciudadanía, frente a La Moneda. Emblema que huele a hermanastra de la pinochetista “llama de la libertad”. También se agregan dos días feriados más para extender la borrachera colectiva. Borrachera ideológica y etílica, claro está. 

Finalmente, cabría recordar que la Independencia de Chile se concretiza con la ceremonia de juramento oficial del Acta de Independencia el día 12 de febrero de 1818, justo al cumplirse un año del triunfo patriota en la batalla de Chacabuco. La Primera Junta Nacional de Gobierno del 18 de septiembre de 1810 sólo fue una actitud independentista en la “medida de lo posible”, tal como más de un siglo y medio después el presidente Aylwin definiría a la justicia y orientación de los gobiernos concertacionistas. Hecho que, al llegar las celebraciones bicentenarias, aún mantiene su impronta, ofreciéndonos –y permitiéndonos- vivir en un país sólo en la medida de lo posible. Es lo que tenemos tras 200 años, ni más ni menos. 

1 comentario:

gonzalo dijo...

en resumen: con la mierda hasta el cuello.