Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

martes, septiembre 21, 2010

Impuesto a la carne

Impuesto a la carne (Seix Barral). Diamela Eltit, reciente ganadora del “Premio Iberoamericano de Literatura José Donoso”, nos entrega una novela donde madre e hija  conviven asediadas constantemente en un mundo que las desangra sin contemplación. Pero sobreviven gracias a la “lucha anarquista”, según manifiesta la narradora (s), con que se oponen a sus celadores –los médicos- cuyo simbolismo no es otro que el imperio del poder. Estos médicos son como los políticos, en vez de proteger desamparan a quienes debieran prohijar. La analogía es concreta. Madre e hija (son Bicentenarias) llevan padeciendo doscientos años de penurias en un país que no permite un tránsito feliz ni la plenitud de los burdeles (en el buen sentido, digo yo). Doscientos años de maltratos y desangres para beneficio de otros. Madre e hija viejas, cansadas, discrepantes, se recriminan, se comprenden, se aferran y distancian, como en una transición pactada. La mayoría de las veces se rebelan, pero también se agotan y ceden, quizá “en la medida de lo posible”, sólo eso. No es pecado tal vez. Son humanas. Habitan un país que brota y desbrota entre calamidades, incomprensiones, injusticias ¿Será aquel país un infierno permanente? Sin solución a futuro, incuestionable para los ciudadanos, para así no parecer anarquista o terrorista ¿No habrá jamás solución? Muchas interrogantes se desprenden de Impuesto a la carne, escrito en el modo tan peculiar de Eltit para tratar sus argumentos, apetecibles para muchos y arcanos para otros. 

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