Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

martes, marzo 16, 2010

Libro de Dinko Pavlov

Sin ser exactamente un virtuoso (Mosquito Comunicaciones). 156 páginas. Dinko Pavlov, psicólogo y escritor nacido en La Serena, pero radicado hace treinta y un años en la ciudad de Punta Arenas, en el extremo sur de nuestro país, nos entrega su último poemario. Un volumen que incluye tres trabajos bajo su título general: Los ángeles no tienen sexo, pero yo sí; Cuando la tarde languidece renacen las sombras y Volver desde el silencio.    

El primer trabajo nos entrega una historia donde los protagonistas se contemplan desde la distancia. Nos refleja una especie de canto de amor desde lejanías cuyo único referente “concreto” es el ciberespacio, lugar por donde se entrega el mensaje y se recibe el estímulo del receptor, la receptora en este caso. Incluso esto lo explicita el autor al comienzo del libro: “una relación sentimental virtual con los devaneos propios de acercamiento y lejanía que imponen las distancias geográficas, que estarían resolviendo los computadores e Internet”. Pero se supone, además, que el ámbito del éter es también el hábitat celestial donde habitan los ángeles. De ahí entonces el título de la primera parte. Los textos, si bien se concentran en un tema determinado, poseen un biorritmo zigzagueante en cuanto a las emociones que expresan, pues la distancia, que marca los diálogos, así como algunas veces se intensifica como una esperanza, otras tantas se aleja aún más y pareciera marchitarse en el espacio. Un ejemplo son estos versos: “Cuando en otra dimensión,/ cuando ya juntos siempre,/ cuando etéreos y eternos,/ cuando la certeza de ser uno,/ cuándo…/ ¡Ah vida, cuándo será ese cuándo!”.

En cuanto a la segunda parte del libro Cuando la tarde languidece renacen las sombras, son poemas que se abren a un mundo que parece desvanecerse en la nostalgia. La caída del ocaso de un tiempo que se rememora sublime pero se asume como una etapa inevitable del pasado, que además se percibe relacionada con un quiebre: “Quisiera creer que los susurros/ apagados que cruzan mi ventana,/ provienen del albo ojo nocturno/ advirtiéndome que el canto/ en mi memoria/ no viene del océano,/ ni es el choque del viento,/ es el espeso sonido de la niebla/ tragando distancias”. El tono de estos versos, la insinuación permanente de lo que fue va quedando y se marcha a la vez, pero siempre adquiriendo la figura femenina como eje central. Es lo que marca esta parte del libro. Pues sin duda el amor es el tema vital en la puesta en escena de estos poemas.

Respecto a la tercera y última sección del libro, Volver desde el silencio, se trata de textos de distinta factura donde el tema social es tratado preferentemente, aunque este aspecto siempre ha sido una constante en la poesía de Dinko Pavlov. Pongo de ejemplo estos versos: “Esclavos somos de las falsedades/ que crearon nuestros ancestros,/ paralizan crepúsculos,/ a oscuras la belleza,/ a tientas crecen las plantas,/ los paraguas de Cherburgo/ les impiden la lluvia,/ como la jaula, el vuelo de las aves;/ la libertad una falacia/ cabalgando por el calendario”.   

En el aspecto de estilo, si bien Pavlov mantiene los ritmos que lo han caracterizado en sus libros anteriores, en estos poemas se percibe un despliegue mayor de lenguaje, y por lo tanto de imágenes. Y a pesar de tratarse de tres libros individuales bajo un título general, los puntos de encuentro son múltiples. Dinko Pavlov es además un poeta que canta, y por lo tanto es difícil desentenderse, para quienes lo hemos escuchado, de recordar su voz cuando leemos sus versos. De hecho muchos de ellos mantienen una estructura bastante musical.  Por otro lado, estos poemas se conectan con sus libros anteriores donde la vida bullente de la gente más diversa se manifiesta como un elemento esencial que marca la obra de Pavlov. La vida nocturna, los desamparados, los trabajadores, los amigos y personajes pintorescos se entrelazan en sus versos como en un arco iris de pueblos y ciudades itinerantes.

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