Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

domingo, febrero 15, 2009

Chilenos en la Feria del Libro de La Habana

La Feria Internacional del Libro de La Habana 2009, ha sido dedicada a Chile como país invitado, y según lo aparecido en El Mercurio del 8 de febrero, serían 25 los escritores que integran la delegación oficial, siendo 11 de ellos poetas. Además, viajan otras muestras artísticas y políticas, cuyos integrantes suman más que los escritores, asunto bastante extraño tratándose de una feria del libro, donde los protagonistas deben ser los escritores. De los favorecidos por la cancillería (encargada de conformar la delegación), si bien el 99,99 % tiene merecimientos y una obra que los califica, la delegación no dimensiona la amplitud de la diversidad ni el desarrollo de la literatura nacional en los últimos 20 años. Menos aún dimensiona el desarrollo de la literatura en las regiones del país. A esta delegación se le debió sumar, por lo menos, 50 escritores significativos más.

Como explicaba, la delegación la integran varias artes, en una especie de tuti-fruti financiado por el Estado, y me parece bien que el Estado financie a sus creadores cuando representan a Chile, pero por favor, esta es una feria del libro y con los recursos utilizados en otras artes y en la tropa de políticos y empresarios podrían haber viajado muchos más escritores. La música, el cine, la danza, etcétera, son absolutamente respetables, pero –reitero- esta es una feria del libro ¿Acaso cuando hay un festival de cine o de música, invitan a los escritores a leer sus textos o presentar sus libros? No, no lo hacen. En la delegación, deberían haber incluido, por ejemplo, representantes de Chile-Poesía, Poquita Fe y Descentralización Poética, instancias actuales que han sido el mayor aporte a la difusión de nuestra poesía en la última década. Deberían haber invitado escritores de todas las regiones, de Arica a Magallanes, a entendidos que expusieran temas relacionados con la diáspora literaria en Chile, sobre estética, historia literaria, marginalidad, desafíos en la industria del libro, literatura en las regiones, etcétera. Insisto, perfectamente podrían haber viajado unos 50 escritores más, que habrían dado a conocer la realidad literaria del país con sus conferencias y presentaciones, abordando distintos géneros. El problema fue que la designación de la delegación estuvo a cargo de la cancillería, específicamente de Emilio Lamarca, Alejandra Chacoff y Pía Figueroa, funcionarios políticos que podrán ser muy respetables en sus oficios, pero que de literatura chilena saben tanto como Tribilín de física cuántica. Por otro lado, el papel de la Sociedad de Escritores de Chile fue el de un fantasma. La cancillería y la SECh manejaron todo entre tinieblas. Cabe destacar que en un acto de realismo mágico, Reynaldo Lacámara, presidente de SECh (que obviamente viaja), llegó a decir a los socios que el gobierno dispondría de un avión de la FACH (no especificó si se trataba de un Mirage de los que compró el general Vega) para que viajaran casi sin costo unos 80 escritores afiliados a la institución. Juzgue la opinión pública. Ahora, que funcionarios políticos del Ministerio de Relaciones Exteriores definan asuntos literarios, es tan absurdo como que se designe jurado de un certamen de teatro a un experto en ensalada de brócoli.

Finalmente, quiero referirme a los argumentos que entrega la cancillería en su sitio Web respecto a cómo formó la delegación. Simplemente poco sólidos, inconsistentes. No convencen. Demuestran ignorancia de lo que realmente debe ser una muestra literaria de un país. En cuanto a los recursos, la presidencia dispone de dinero para gastos discrecionales que podrían haber utilizado para ampliar la delegación. Estos dineros han sido entregados más de alguna vez a instancias políticas (80 millones, 200 millones, etcétera, según la prensa y sin desmentido de las partes involucradas). Se ha financiado a los empresarios del salmón y otras entidades privadas (El Mercurio incluido), pero para los escritores de todo Chile, que ejercen diariamente el oficio, nada. Es la política neoliberal de Pinochet, la cual han administrado sin pudor alguno los gobiernos de la Concertación. Esa política significa: Para la cultura, y sobre todo para los escritores, las migajas, o uno que otro carnaval atorrante que aminore, en la conciencia de los gobiernos concertacionistas, “la vergüenza de haber sido, y el dolor de ya no ser”.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No puedo creer que nadie conteste. Esta es una oportunidad para debatir el tema. "De eso no se habla" sería entonces el lema. Me encanta que hayas puesto a la mesa los vicios de estos eventos oficiales. Escribo desde argentina y es exactamente igual. Sucede que el poder le tira comidilla a los cerdos, y los cerdos son eso...materia para las chanchadas. >Un abrazo / Lacruz