Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

martes, noviembre 11, 2008

Poesía de Delia Domínguez

El sol mira para atrás (Editorial Catalonia). Antología personal de poesía y prosa de Delia Domínguez, poeta destacada por la crítica y candidata en varias ocasiones al premio nacional de literatura. A su obra se han referido, entre otros, Isabel Allende, Gonzalo Rojas y Pablo Neruda. Éste último ha dicho de Domínguez: “la poesía de Delia Domínguez, osornina de los bosques de Osorno, es atrevida y descalza: sabe caminar sin miedo entre espinas y guijarros, vadear torrentes, enlazar animales, unirse al coro de las aves australes sin someterse al tremendo poderío natural para conversar con tristeza o con amor con todos los objetos y los seres”.

Con la presente antología, podemos formarnos una idea bastante amplia de la propuesta de esta poeta. También podemos conocer su prosa, que maneja con convicción. En Oficios a lo humano y lo divino, lo demuestra. Son personajes comunes, seres del campo y de la costa, trabajadores descritos en su cotidianidad, sin aditivos. Retratados fielmente en sus quehaceres. En cuanto a los poemas, éstos pertenecen a libros de la autora publicados desde mil novecientos setenta y tres hacia adelante, comenzando por El sol mira para atrás, que da el nombre a la antología. El material poético, Domínguez lo toma de su entorno natural, el sur de Chile. Muchos bosques y lluvias recorren sus versos, también los animales que acompañan a los habitantes de los campos. Su escritura es sencilla, en el buen sentido. No pretende expresarse en un lenguaje rebuscado desde el punto de vista poético. Su intención son los sonidos cotidianos, lo natural y espontáneo quizá. Trabaja mucho con el tiempo y las distancias, que en mi opinión es donde mayores logros obtiene, como en el caso del poema “La pólvora, los años”: “La pólvora, los años,/ otros amores/ borraron las pizarras de entonces,/ y ya no somos/ las cabezas doradas que sobre una cama/ deslizaban sus primeras señales/ para justificar un Domingo de Gloria./ Ya no somos/ los ángeles que entraban y salían del paraíso/ desnudos y orgullosos de sus cuerpos elásticos,/ de los calzones de algodón./ Ya no./ No hay ángeles en esta tarde de invierno/ cuando llueve sobre toda la costa del Pacífico”

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