Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

jueves, agosto 21, 2008

El cementerio más hermoso de Chile

El cementerio más hermoso de Chile (Ed. Cuarto Propio). El poeta magallánico, Christian Formoso, nos presenta un poemario de cerca de trescientos cincuenta páginas, algo inusual, en estos tiempos, para una publicación de poesía. En todo caso, la propuesta de Formoso se sostiene a través de las páginas de manera coherente y equilibrada, una tarea no menor. El título alude, de modo muy singular, al cementerio de Punta Arenas. Los deslumbrantes paisajes de la región austral, los naufragios en el Estrecho de Magallanes, el exterminio de los pueblos originarios, la tragedia de Chile tras el golpe del setenta y tres, y otros elementos socio-políticos y económicos, dan cuerpo a un volumen realmente meritorio desde el punto de vista estético y social. La historia de la Patagonia con todas sus tragedias y luchas ante nosotros. “La memoria y el viento”, como diría Pavel Oyarzún, poeta y novelista magallánico. Porque este es un libro de la memoria, un grito dentro de una sociedad que hoy se alborota en su propio desarraigo: “y si fuese partido en una piedra/ o echado a estilar sobre una roca consagrada/ lo mismo hubiese sido hombre entre mis ropas/ o mi pobre inventario desarmado de estos huesos./ Quizás me haya sido dado morir más de una vez/ y mi corazón se haya cansado de su propia/ multitud, pero si aún se levanta a cualquier hora/ todavía un solo nombre ni una taza de leche/ en un tronco arropado en las mañanas”.

Formoso construye sus textos de manera variada, partiendo del mito del cementerio más hermoso de Chile, como definen los habitantes de Punta Arenas a su Campo Santo. Una necesidad ancestral –que puede resultar patética, si se quiere- de una urbe en los confines del mundo. El cementerio más hermoso abierto al naufragio y al sueño, tal vez una ironía de la Muerte. El mito es, de alguna manera, la memoria que no logra borrar la modernidad de cada época. El autor, acude a las lápidas, a notas de prensa, a cartas halladas en desvencijados baúles, tomando sus voces y asumiendo la historia muerta que se niega a morir. Habla desde la marginalidad, desde muchas marginalidades e injusticias. Resucita a los muertos y les da voz: “Ahora entiendo los pobres huesos/ la tibia, alfileres duros/ como piedras que rugen./ Porque los huesos duran algo/ más en la tierra, alejados/ del hombre que cosa/ que toca se pudre/ mi dios”.


En los textos, se concentran los antiguos capitanes, tripulantes y navíos que recorrieron el Estrecho y episodios de la sociedad actual, que se estrella cada día contra la nueva “riqueza-pobreza” que trajo consigo el neoliberalismo. El tono de Formoso es épico, a veces lírico o coloquial, pero claro. Construye una poesía a partir de sujetos reales, no abstractos, dándole sentido a una historia en la cual nos reconocemos. Una historia con puertos abandonados que esperan ser poblados. Porque como dice el poeta “En horas afiebradas por el miedo/ en horas boca abajo en la ventisca/ o en la loca enredadera de la frente torturada/ o en la sed o en la ira o en la desesperanza/ si no quiere zozobrar/ no quites los ojos de la luz de esta estrella./ Si ella es curso en tu miedo no desesperarás/ si ella es faro en la luz no desfallecerás/ no te extraviarás, si es tu guía/ llegarás felizmente al Puerto”. Por otro lado, el libro de Christian Formoso da cuenta de una realidad que, poco a poco, se ha ido estableciendo: La fuerza del discurso poético-social -de dos o tres generación de escritores de la región- cuyo valor esencial (aparte de la calidad de los textos) ha sido rescatar la memoria histórica de la Patagonia.

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