Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

viernes, agosto 24, 2007


LA EPOPEYA DE GILGAMESH

En una cuidada edición, acaba de aparecer La epopeya de Gilgamesh (LOM Ediciones), poema anónimo -de más de cuatro mil años- que narra los avatares del legendario rey sumerio Gilgamesh, quien reino en la ciudad de Uruk (actual Warka en Iraq y mencionada en la Biblia como Erech) alrededor del año 2.750 a.C. La traducción al español pertenece a Gloria Casanueva y Hernán Soto, los que usaron para esta versión la traducción al inglés de William Ellery Leonard, tomada por éste del alemán.

El texto, también conocido como Poema de Gilgamesh, fue descubierto en las ruinas de Nínive, en la biblioteca del rey Asurbanipal y se compone de XI tablillas o tabletas de arcilla grabadas con caracteres cuneiformes. Existe una tablilla XII, y aunque no es considerada como parte integral del poema debido a que los especialistas piensan que éste queda cerrado en la tableta XI, en esta edición se incluye, lo que nos da una idea más amplia del poema, sobre todo en cuanto al tema central, que es indagar en las razones de la vida y la muerte.

La epopeya narra las aventuras de Gilgamesh y su amigo Enkidú, quien había sido creado por los dioses –debido a los reclamos del pueblo- para combatir al rey de Uruk, que gobernaba con mano dura a sus habitantes. Pero finalmente, el combate entre ambos termina en una estrecha amistad. El monarca era hijo de Lugalbanda y la diosa Ninsún: "En dos tercios era dios./ En un tercio era hombre" (...) "Gilgamesh no deja un hijo a su padre./ Construye los baluartes durante el día y durante la noche./ Es el pastor de la amurallada Uruk./ Es pastor y señor de su pueblo,/ Fuerte y espléndido, todo lo sabe./ Gilgamesh no deja doncella a un amante,/ Sea hija de un héroe,/ O elegida de un noble". Desde el momento de unirse en amistad, los amigos realizan una serie de hazañas, la primera es derrotar a Jumbaba, el gigante guardián del Bosque de los Cedros. Luego, la diosa Ishtar declara su amor a Gilgamesh pero éste lo rechaza; la iracunda divinidad toma venganza enviando al Toro Celeste para sembrar la destrucción, pero los héroes acaban con él, provocando el enfado de los demás dioses que deciden la muerte de Enkidú. Tras los funerales de Enkidú, Gilgamesh emprende un largo viaje en busca de los misterios de la muerte y la conquista de la vida eterna. Para ello, con la ayuda de Ur-Shanabi, una especie de símil del barquero Caronte de los griegos, cruza las Aguas de la Muerte hasta donde mora Utnapishtim, sobreviviente del Diluvio Universal por deseo de los dioses y a quien le otorgaron la inmortalidad. Utnapishtim sólo le indica donde encontrar, en la profundidad del mar, la planta que devuelve la juventud. Gilgamesh da con ella, pero en el camino de regreso se la roba una serpiente. Resignado y triste, vuelve a Uruk donde muere tras un largo reinado, se habla de ciento veinte años. Al morir lo sucede su hijo Ur-Nungal. Algunos textos narran que Gilgamesh fue sepultado bajo las aguas del río Éufrates, que cruzaba Uruk y cuyo curso fue desviado por sus súbditos. En el año 2003 una expedición alemana descubrió los vestigios de lo que habría sido la ciudad de Uruk y el antiguo lecho del río. Independiente del mito, Gilgamesh es considerado un rey sumerio histórico, el quinto de la ciudad y constructor de sus legendarias murallas, las que algunos siglos después fueron destruidas por el rey acadio Sargón, fundador del primer imperio conocido.

La presente edición es un valioso aporte para el conocimiento, en lengua española, de la obra poética más importante nacida en la cuna de la civilización. Tan relevante como los textos de Ilíada, Ramayana y Popol Vuh, entre otros. Además nos releva, desde variados ángulos, la búsqueda permanente del ser humano por alcanzar la vida eterna; el temor a lo desconocido y el asombro de la sabiduría; la gloria y el ocaso. Gilgamesh, como otros héroes de su estirpe, aspira a la divinidad, no le basta el poder razonablemente humano, sino que busca la inmortalidad, y al no hallarla sufre y se lamenta, se trastorna y embriaga. Situaciones que se repiten de civilización en civilización hasta nuestros días. Sería quizá más fácil, para sobrellevar la existencia, recordar cada día las palabras de Sidurí, la copera de los dioses, cuando se dirige Gilgamesh: "La Vida que tú buscas, no la encontrarás,/ Cuando los dioses crearon a los hombres,/ Les entregaron la Muerte" (...) "Disfruta día y noche,/ ¡Haz de cada instante una fiesta!".

Alejandro Lavquén

1 comentario:

Víctor Manuel Melendez dijo...

Pero la historia de Gilgamesh está en fragmentos por lo que sé. Además existe desde hace tiempo, tanto en internet como en libros (Muerte y busqueda de inmortalidad, Dios y dioses A.Bentue) una serie de pasajes explicativos sobre dicho relato.