Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

jueves, junio 14, 2007

LA ESTACIÓN DEL POETA
Jorge González Bastías



Sin duda que, dada la geografía de nuestro país, apretujada entre dos cordilleras y el mar, llena de recovecos y caseríos cerca de bosques, lagos y ríos, los viajes en tren resultan todo un asombro. A su paso van apareciendo poblados, estaciones como sacadas de antiguas postales, senderos y parajes llenos de poesía. Es lo que sucede a quienes viajan por el ramal ferroviario que va desde Talca al balneario de Constitución, embarcándose en el convoy de dos vagones que serpentea por la riberas del río Maule, pasando por los pueblos de Colín, Corinto, Curtiduría, González Bastías, Pichamán, Forel y Manquehua. El ramal fue construido en 1888 y en sus estaciones se podía convivir con los vendedores de tortillas, pan amasado, humitas, sopaipillas, pastel de choclo y huevos duros, alimentos con sabor a campo que hacían más placentera la travesía. Con el paso de los años y las políticas de devastación hacia el ferrocarril como medio de transporte masivo, impulsada por la dictadura y lo poco y nada que han hecho los gobiernos de la Concertación en esta materia, el ramal consiguió sobrevivir al abandono y deterioro de sus vías. También a las inclemencias de la naturaleza, como las subidas del río que en ocasiones socavó parte del terraplén por donde se extiende la línea férrea. Hoy, el ramal ha sido declarado Monumento Histórico Nacional por el Ministerio de Educación, rescatando la riqueza patrimonial del lugar. Todo gracias a las treinta mil firmas reunidas por los habitantes de la región que no aceptaban la posible desaparición de éste.

De todas las estaciones del recorrido, hay una que se ha mantenido en la memoria colectiva, la llamada Poeta González Bastías, que fue inaugurada en el pueblo de Infiernillo en el año 1893, para pasar, el 27 de Mayo de 1958, a tomar el nombre del poeta maulino Jorge González Bastías, como un homenaje a quien había vivido allí gran parte de su vida, dedicando su obra a resaltar las emociones que inspiran los paisajes rurales de la región.

El vate nació en la aldea de Nirivilo en 1879, y en Infiernillo, donde su madre poseía un fundo, practicó la agricultura y participó en política siendo regidor y luego alcalde de la localidad. El poeta consideraba que era la pobreza la generadora de la delincuencia y los demás males sociales, por lo que se empeñó en mejorar la calidad de vida de la población y abrir nuevas escuelas. También practicó el periodismo en el Imperial de Santiago y La Libertad de Talca. Su obra se compone de los libros: Misas de primavera (1911), El poema de las tierras pobres (1924), Vera rústica (1933), De venero nativo (1940) y Antología (obra póstuma, 1952).


La estación que hoy lleva su nombre tiene un dejo de tristeza en sus paisajes y nos evoca épocas de mayor solidaridad y tranquilidad, siendo además la única donde actualmente se detiene el tren o convoy del Maule. El lugar posee un gran atractivo turístico, sitios para acampar, acceso al río, comida típica, etcétera. Todo esto, sumado a su calidad de monumento histórico, la conciencia patrimonial de sus habitantes, más la impronta dejada por el poeta, hacen de la Estación González Bastías un lugar de reflexión y un ejemplo de conservación de nuestra cultura a pesar del avance muchas veces devastador de los nuevos tiempos.



Alejandro Lavquén


EL POEMA DE LAS TIERRAS POBRES
(fragmento/ por Jorge González Bastías)


Ah, tierra mía, tierra triste
ensombrecida por la muerte,
como eras pobre no pudiste
ni castigar ni defenderte.


Perdido el valor de la vida...
el amor sólo en la añoranza.
Ninguna lámpara encendida,
ninguna trémula esperanza.

Como eres pobre no supiste
del látigo fustigador.
Tu queja siempre fue una triste
sombra perdida en el horror.

¡Ah, tierra mía, tierra hermosa!
Rara virtud en ti, se fragua:
en tu sierra más escabrosa
brilla, hecha lágrimas, el agua.

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