Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

viernes, abril 20, 2007

TRANSANTIAGO FUTURO ESPLENDOR

El fastidio y el llanto se apoderan cada mañana
de los usuarios. El Transantiago les extrae la poca felicidad,
los insulta, les estruja las ojeras en los paraderos.
Como un enjambre incontenible el pueblo es arreado
sin dirección ni destino, restregado sobre las calles.
Hay cesantía en las veredas, muerte en los subterráneos,
el Metro es una alcantarilla insalubre.
Un pasajero resbala, cae el bastón de ciego mientras sus manos
buscan auxilio en las tetas de una muchacha,
que no sabe si golpearlo o tenerle piedad.
Es insoportable la espera, la desidia de los mercaderes,
pero hoy no está el Cristo para expulsarlos,
quedó atrapado en la frecuencia del troncal 201.
Nadie se detiene, nadie sonríe como ayer,
los usuarios se agolpan y golpean entre sí,
pocos alcanzan las puertas que se cierran en sus rostros
como una bofetada insolente de Ricardo Lagos Escobar,
el mandarín arrogante que olvidó su pasado
de peatón socialista.
El Transantiago es la ley de Chile, el chasquilleo fiscal
y el tormento de los trabajadores.
Los autobuses desquician las avenidas con su carga humana
pegada a las ventanas. Arrollan los despojos de la noche,
sobrepasan los lamentos y se burlan una y otra vez,
a vista y paciencia de los conserjes de La Moneda,
como en un círculo que no cierra.
Ajusten los cinturones, el futuro esplendor se encuentra
a la vuelta de la rueda, entre la estación del metro y la garita
que a cada uno corresponde.


Alejandro Lavquén

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