Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

domingo, diciembre 10, 2006

A PROPÓSITO DEL CÓDIGO DA VINCI

Debido al estreno de la cinta El Código Da Vinci, basada en la novela de Dan Brown, se ha suscitado una dura polémica acerca de su contenido y las injurias contra el Cristo y el catolicismo, que, en opinión de la curia vaticana y otros adeptos, se desprenden de este libro.

La ofensiva mundial contra la cinta, la encabeza el cardenal Francis Arinze, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. De hecho el canal italiano de televisión RomeReports, ha preparado un documental llamado “El Código Da Vinci: una falsificación magistral”, desde donde se pretende entregar la verdad histórica sobre la vida de Jesús –obviamente apoyada en los infalibles Evangelios canónicos- y contrarrestar, de este modo, las falsedades escritas por Brown. Por su parte, Chile no podía estar ausente del debate y tanto El Mercurio como La Tercera, incluyeron en sus ediciones del domingo catorce de mayo, sendos reportajes sobre el asunto, junto a destacadas entrevistas al sacerdote José Miguel Ibáñez Langlois, poeta, crítico literario y miembro del Opus Dei. Ibáñez, como es su costumbre, ataca con cautela y disciplina, manteniendo una apariencia democrática en sus juicios: “Yo no llamo a nadie a ver o dejar de ver. Sólo me gustaría que quienes vayan a ver la película no lo hicieran con la boca abierta, para que no les metan el dedo en la boca”. También dice que: “Las fantasías de Brown se apoyan en textos peregrinos y en hipótesis históricas descabelladas, por contraste de la solidez de los Evangelios canónicos y de la documentación de veras confiable”, y de paso deja de manifiesto la ínfima calidad literaria de la obra. Esto último puede ser cierto, pero no es lo de fondo. Yo me pregunto ¿quién mete el dedo a quién en la boca? ¿Brown con su historia o la Iglesia con sus Evangelios? No existe ninguna certeza de la veracidad de los Evangelios, pues nos merecen muchas dudas desde cualquier estudio historiográfico serio. Se trata de textos llenos de errores y contradicciones, en los cuales se mezclan situaciones históricas y mitología. El Cristo es un personaje mitológico tal como lo es Heracles, Rama o Gilgamés, y esto no significa que Brown tenga la razón. El Código Da Vinci tiene tanto de ficción como la Teogonía, la Biblia o los Veda. Lo que deberíamos discutir, es cómo mejoramos una sociedad fundamentada en mitos que han servido por siglos para oprimir a la humanidad. La fe religiosa y el dogma no son serviciales al ser humano, pero si lo es tratar de construir la verdad histórica a través del cuestionamiento de lo que nos oprime. Quizá sea ese el mayor aporte del Código Da Vinci, independientemente de que el autor escriba bien, mal o regular. O que sea acusado de blasfemo.


Alejandro Lavquén

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