Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

lunes, diciembre 11, 2006

LA MUERTE DE PINOCHET


Tras la muerte del ex-general Augusto Pinochet, tirano de Chile durante diecisiete años, sus partidarios de la derecha (muchos de ellos sus cómplices en el saqueo de nuestro país) podrán argumentar muchas cosas para que se le dé el trato de “ex-presidente” en sus funerales, pero no pasarán de ser simples sofismas, hipocresía y sinverguenzura. No existe nadie más “cara de palo”, en todo el territorio, que la derecha chilena. La realidad objetiva desmiente absolutamente los argumentos de la derecha y da la razón a los verdaderos demócratas.

Pinochet fue un general traidor, asesino y ladrón, y su destino debió ser el paredón de fusilamiento, lamentablemente no fue así. Murió como un cobarde, escondido de la justicia y eludiendo enfrentar los tribunales, utilizando las más recónditas artimañas legales, dentro de una legislación pacata, conservadora y oligárquica como es la chilena, controlada por autócratas burocráticos y serviles al poder económico y político.

La derecha jamás podrá justificar las violaciones a los derechos humanos, las violaciones con perros entrenados para ello, la tortura sistemática de todo tipo, las desapariciones, el exilio, el terror ¿Acaso algo de eso podría ser justificado por una política económica de alto desarrollo? No, nunca. Política que además es un mito, una distorsión de la realidad, una política económica que solo favoreció la depredación y apropiación de nuestras riquezas por parte de los secuaces de Pinochet, hoy militantes o partidarios de la UDI y RN.

Lo triste es que el tirano no pudo ser condenado en vida por culpa de jueces enclenques y faltos de osadía, por culpa de una Concertación vacilante y preocupada sólo de reproducirse en el poder. Pinochet fue un fraude permanente, un mediocre apoyado por sus esbirros armados. Nunca podrá igualarse al coraje de Salvador Allende, que se defendió con honor y gallardía ante un enemigo en las sombras y superior en número. Allende ganó las elecciones presidenciales limpiamente, también las parlamentarias de 1973, en cambió Pinochet, tras el golpe, realizó fraudes el 78 y 80 con sus plebiscitos en un estado de miedo y persecución.

Ha muerto, y seguramente ni el Diablo querrá recibirlo. Ha muerto, pero alguna semilla de violencia dejó sembrada, es cosa de ver la reacción de sus partidarios y recordar que el ejército no es ningún ejemplo de democracia ni nunca lo será. Hay que mantener la alerta siempre, pues esto no termina aquí. Siempre será valedero el “por si las moscas”, moscas que hoy deben estar revoloteando sobre el cadáver del tirano.


Alejandro Lavquén

2 comentarios:

Guillermo Riedemann dijo...

compañero: leí tu artículo en la nación. palabras más, palabras menos, otras palabras, me interpreta y te lo agradezco.
y pregunto: a estas alturas, ¿quién es peor? ¿el criminal y ladrón o quien lo apoya todavía?
un abrazo

no tenemOs ni tele dijo...

... lo pero es la metamorfosis que sufrirá tras la muerte.... cuyo climax será cuando se convierta en fenómeno pop