Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

viernes, noviembre 03, 2006


TV = INCONSCIENTE COLECTIVO DE LOS CHILENOS


La capacidad de los programas de televisión para moldear los gustos y tendencias culturales resulta increíble, sobre todo la entregada a través de los programas matinales, teleseries y programación estelar. La característica principal de estos espacios son la exaltación zalamera de los artistas extranjeros y su vida privada. A ellos se ha sumado, en los últimos años, un grupo muy definido de "artistas" nacionales junto a deportistas destacados, sobre todo futbolistas. Los logros o desaciertos de esta fauna se ponen en escena como si fuesen los sucesos más importantes del país y del planeta. Y cuando de conversar se trata, invitan a tipos superficiales y chicas con hermosos traseros, voluminosos pechos y escaso cerebro, más algún personaje (folclórico lo llaman oficialmente) de nuestra cultura popular para hacer escarnio de él. Por su parte, las teleseries se dedican a mostrar a un embobado público la manera cómo viven los ricos y un Chile que nada tiene que ver con su realidad, copiando los formatos de distintas series yanquis de bajísimo nivel. Estas teleseries son acompañadas de una gigantesca fanfarria publicitaria que las eleva a categoría de Grandes Sucesos Nacionales, produciendo una penetración sicológica que distorsiona la realidad en la conciencia, ya bastante a mal traer, de los telespectadores.

En el caso de los programas matinales, nos encontramos con la cúspide del mal gusto, la chabacanería y el snobismo. En estos espacios se muestra a la tele audiencia, por ejemplo, cómo cocinar variadas exquisiteces gastronómicas que luego son degustadas por los invitados. Luego, para relajarse de tanta abundancia alimenticia, vienen algunos pasos de bailes tropicales enseñados por musculosos bailarines y las animadoras de ocasión. No faltan los horóscopos, la celebración de algún cumpleaños o la visita de algún "famoso", que narra emocionado como pasará su luna de miel en un paradisíaco lugar. Otros relatan sus años sabáticos o sus vacaciones por distintos lugares del mundo. Los espectadores frente al televisor se emocionan y vierten más de alguna lágrima, los más compenetrados con estos programas se sienten dichosos de poder compartir, por un momento, las emociones de sus ídolos, de ser sus confidentes. Otros, desearían poder hacerles un regalo o asistir al casamiento, pero finalmente se conformarán comentando el evento con sus compañeros de trabajo. Uno de los rasgos sobresalientes de estos comidillos de la televisión es la mutua adulación que practican los animadores y los invitados (siempre son los mismos), que se van turnando en los programas de los diferentes canales. Además, junto con la ayuda de la prensa escrita, aparecen en las portadas de los diarios y revistas como si ellos fueran el centro del quehacer cotidiano en el país.

Es tremendamente ridículo cómo la gente consume todo esto y se muestra encantada comentando sobre la vida de quienes se han autodenominado "jet set criollo" o "los famosos". El público no se da cuenta que aquellos "personajes" viven a costa de la inconsciencia colectiva. Los telespectadores sacrifican hasta su misma tontera para adquirir videos, casetes y revistas que viven de la estupidez de las personas. Al público poco le interesa el dinero que tengan que gastar para satisfacer sus aspiraciones de sentirse parte de un status superior. No tienen noción que son ellos los que pagan los millonarios sueldos de sus ídolos televisivos. Por otro lado, la arrogancia y vanidad de los "artistas" y animadores de la televisión es de una magnitud sólo comparable con la idiotez de los telespectadores. Y si existe algo en común entre ellos es el afán desmedido por la imitación de grandes figuras de la farándula mundial. Una de las características más repudiables y que identifica la manera de ser de los chilenos es la manía por la imitación.

Quienes trabajan en los diferentes programas de televisión se han convertido en una casta privilegiada, subsistiendo a costa de la influencia que ejercen sobre el inconsciente colectivo. Si alguien no aparece en la pantalla es como si no existiera en el país. Por esta razón es que en rarísimas ocasiones podemos ver que allí se le dé espacio a algún intelectual o artista que razone más allá de la mediocridad temática que se transmite a través de la televisión. Al ser este medio la principal herramienta de dominación de la conciencia colectiva, en favor de quienes ejercen el poder político y económico en Chile, no permite la entrada a sus dominios de nadie que pueda aportar un poco de inteligencia y sabiduría.

El caso de los noticiarios llega a ser insoportable. Más que informar desinforman al público, se censuran u omiten las noticias realmente importantes y saturan sus pautas con los asuntos del fútbol y la farándula, además de los accidentes y delincuencia hasta la exageración. Durante el verano, se llega al colmo de los colmos en materia de frivolidad. Se muestra, todos los días, cómo veranean las clases pudientes de la sociedad mientras los pobres sólo pueden acceder a la pileta de alguna plaza pública.


Alejandro Lavquén

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