Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

sábado, octubre 28, 2006


1891 CRÓNICA DE LA GUERRA CIVIL
de Jorge Nuñez

Por Alejandro Lavquén

"1891 Crónica de la Guerra Civil" (LOM Ediciones), es un libro al alcance de todos los lectores, tanto para los avezados en el tema, como para quienes recién comienzan sus indagaciones en nuestra historia. En él, el profesor Jorge Nuñez nos introduce en los acontecimientos de la Guerra Civil de 1891 de manera clara y documentada, sin caer en terminologías eruditas ni ditirambos emocionales respecto a los personajes, por el contrario, nos relata los hechos de manera objetiva y tomando como referencia estructural del libro los acontecimientos tal como se sucedieron mes a mes, o día a día. Respecto a esto, nos dicen los editores: "Esta crónica es un relato cotidiano de los acontecimientos políticos, diplomáticos y bélicos en un estilo comprensible" (...) "El ensayo indaga variables inesperadas, desterrando la idea –rutinaria y falsa- del "conflicto de poderes ejecutivo-legislativo", y finaliza con un tema siempre ocultado: la represión –a todo nivel social- que siguió la caída del régimen balmacedista".

El estudio tiene la virtud de dar a conocer episodios prácticamente desconocidos por la inmensa mayoría de los chilenos y totalmente omitidos en los libros de historia oficiales, por llamarlos de algún modo, y con los cuales se educa en nuestros colegios e incluso en universidades. Nuñez indaga en la personalidad de muchos de los protagonistas y en su verdadero rol durante el conflicto. El presidente José Manuel Balmaceda, coronel Eulogio Robles, el gral. José Miguel Alcérreca, gral. Orizonbo Barbosa, Coronel Estalisnao Del Canto, gral. José Velásquez, gral. Manuel Baquedano y Fernando Lopetegui, por ejemplo, son mostrados en sus victorias y derrotas, en sus lealtades y conflictos, de manera descarnada. Impresionante resulta la crueldad de los militares vencedores, tras el triunfo en las batallas de Con-Con y Placilla, contra sus propios pares, con los que además habían compartido honores durante la Guerra del Pacífico, siendo un ejemplo de esto las crueles muertes de Barbosa y Alcérreca y los saqueos a las casas de los derrotados, instigados por agitadores civiles. Entre los civiles, resultan significativas las insidias en el plano político de Agustín Edwards y Manuel Antonio Matta, entre otros. O la de Lopetegui, el cual no mostró que apoyaba a los congresistas hasta último momento. También se reconstruye el papel jugado por la marina y Jorge Montt, el hundimiento del Blanco –por las fuerzas leales- y otros episodios navales. (Vale destacar que Agustín Edwards E., descendiente del recién citado y dueño de El Mercurio, durante el gobierno de la Unidad Popular jugaría un papel tan funesto y traicionero para con su país como el de su pariente en 1891).

Dentro de la narración nos encontramos con el prácticamente desconocido –y curioso- caso de la "División Camus", al mando del coronel Hermógenes Camus, que arribara a Calama para luego ir en apoyo del general Robles. La división nunca llegó y tuvo que devolverse, siguiendo luego el camino de regreso a Santiago en una interminable y épica travesía que realizó a través del desierto hasta Bolivia y luego Argentina para vía Mendoza ingresar a Chile. Un episodio que merece un estudio aparte. Otra curiosidad que nos cuenta el autor, y que refleja de alguna manera –irónica si se quiere- pero real, el modo de ser chileno ante los acontecimientos, por muy terribles que sean. Nos cuenta Nuñez, que el 18 de septiembre, un día antes de la muerte del presidente Balmaceda, y en medio de los sucesos de guerra y saqueos que aún se vivían en la capital, en el Club Hípico de Santiago se corría sin mayores inconvenientes El Ensayo, triunfando el caballo Sky.

Balmaceda, al igual que Allende –ochenta y dos años después- confió en el ejército chileno y ambos se equivocaron. En el caso de 1891, y en palabras del autor de este libro, son importantes las siguientes impresiones: "La guerra civil de 1891 fue una experiencia traumática para la sociedad chilena y su secuela de odiosidades permaneció durante generaciones, aunque la historiografía oficial se empeñe en ocultarlo. El conflicto de poderes y el martirio del presidente Balmaceda han encubierto una realidad dramática cuyo patetismo apenas alcanzamos a comprender después de un siglo." (...) "Los meses de guerra significaron cerca de diez mil bajas, entre muertos y heridos. Chile contaba entonces con tres millones de habitantes, pero la población económicamente activa resintió la ausencia de esos brazos. Los gastos totales de la "revolución" fueron calculados en cien millones de pesos, agregándose ‘el predominio en la dirección financiera de la República de un grupo reducido de personas que representaban las grandes fortunas, cuyos intereses confunden con los intereses generales del país’".





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