Que otros brinquen por el camino de la gloria y el provecho, de paga me contento con un poco de rocío y de lluvia. Ho Xua Houng, poeta vietnamita

viernes, septiembre 11, 2020

La no muerte del presidente Allende

La derecha y el pinochetismo, con su sostenida propaganda, durante décadas, han impuesto en la conciencia colectiva la convicción de que el presidente Allende se suicidó en La Moneda. Incluso sus partidarios dan crédito a esta patraña, cuya fuente fundamental se le atribuye al “testimonio” del recientemente fallecido Dr. Patricio Gijón, a quién El Mercurio, en muchas oportunidades, le dio amplia cobertura a sus dichos. Incluso la familia directa del presidente Allende se creyó el embuste de la dictadura y la derecha. En todo caso, qué se podía esperar de ellos, salvo de Tati, la única hija del presidente digna y consecuente.

Y si se hubiese suicidado, lo que no ocurrió, ¿qué? ¿Qué importancia tendría? El valor y legado del presidente Allende está en su resistencia heroica ante los militares cobardes que ante un solo hombre, acompañado por un reducidísimo número de compañeros, opuso resistencia a aviones, tanques, artillería y regimientos con soldados armados hasta los dientes que atacaban el palacio de gobierno. Mientras todo esto ocurría, el genocida y miserable ladrón Pinochet estaba escondido en un recinto militar para escapar “por si el golpe de Estado fallaba”. Los únicos cobardes, en todo esto han sido los militares. Allende fue un valiente, un verdadero representante del pueblo que supo cumplir con el deber comprometido. El testimonio de Gijón no es creíble, por montones de razones, y así lo han demostrado estudios de médicos forenses serios. La derecha siempre ha impuesto su criterio a través de los medios de comunicación y comprando adherentes de los “bandos contrarios”, como, por ejemplo, lo hizo por medio de Paz Ciudadana, ¿o acaso no han visto las fotos de personeros de la Concertación sonriendo aduladoramente junto a Agustín Edwards E., el vende patria y uno de los promotores del golpe de 1973. El pinochetismo y las mentiras de la derecha solo son merecedoras de una cosa: El patíbulo. En otras palabras, de la digna y legítima defensa propia que el derecho internacional acepta contra los delincuentes que llegan a asesinar, desaparecer y torturar.

jueves, septiembre 10, 2020

China Roja, el libro inédito de Pablo de Rokha

 


A 52 años de la muerte del poeta Pablo de Rokha, ocurrida un 10 de septiembre de 1968, Ediciones Estrofas del Sur publica su única obra que permanecía inédita: CHINA ROJA. Esta publicación viene a hacer justicia con uno de los poetas fundamentales de la lengua castellana, completando su bibliografía y rescatando su memoria. CHINA ROJA, en su versión impresa y digital, pronto en las librerías del país. Distribuye para Chile, Latinoamérica y el mundo, distribuidora editorial La Komuna.


miércoles, agosto 12, 2020

"Clase media" = Jaula de deudas

El discurso de la UDI, RN, Evópoli y el gobierno, ante el Coronavirus, y la calamidad económica provocada por las cuarentenas, se ha centrado siempre en el argumento de que se debe salvar a la “clase media”; discurso mañoso, tramposo, pues lo que buscan en el fondo es que no se le escapen votos (y clientes) de quienes ellos llaman “clase media”, que en la realidad no es más que un sector de los explotados de este país. Un sector que accede a trabajos mejor remunerados que quienes son clasificados de “pobres”, lo que los convierte en potenciales deudores de los bancos y las grandes tiendas gracias a la mentalidad consumista de una significativa parte del núcleo, sumado a sus aspiraciones de ser, o parecerse, a lo que llaman “clase alta”. Y ojo, no estoy diciendo que no se deba a aspirar a trabajos mejor remunerados, a vivir cómodamente con casa propia, con acceso a la salud y educación de calidad, entre otros derechos. No. A lo que voy es que a todo eso se debe aspirar y acceder entendiendo que es un derecho social básico; no aspirar a escalar de “una clase” a “otra clase”, que es lo que ha inoculado el capitalismo en general, y el capitalismo neoliberal en particular, en la mentalidad de muchas personas, transformado las aspiraciones legítimas de una vida mejor en una jaula de deudas. En una democracia verdadera, sobre la base de una Constitución nacida de la legitimidad ciudadana, el Estado debe garantizar a todos los habitantes del país el acceso al trabajo, vivienda, salud y educación como derechos inalienables. Además, el Estado debe regular los precios de los medicamentos, alimentos y vivienda, no permitiendo más abusos ni explotación del hombre por el hombre.

La llamada “clase media”, como se comienza a conceptuar, valorizar y promover a un sector de los explotados, desde la dictadura hasta nuestros días por parte de la derecha empresarial y oligarca, y con el aval de la Concertación desde 1990 a la fecha, ha servido como muro de contención entre explotados y explotadores, como una manera de mantener a raya las protestas y organización de la llamada “clase pobre” para que no invada el territorio de la llamada “clase alta” y recupere, a punta de insurrección, lo que le ha sido robado durante años de explotación y abusos de todo tipo. ¿Puede cambiar todo esto? Por supuesto, Chile tiene que dejar de ser una cifra económica, una especulación en la bolsa de valores, una mentira del PIB per cápita, y para eso debe ser reindustrializado el país y recuperadas las empresas estatales privatizadas fraudulentamente por la dictadura así como las fomentadas por la Concertación. No existe otra solución para que haya justicia social de verdad y esta no sea solo ofertones en períodos de elecciones. Por otro lado, los partidos políticos deben dar paso a otro tipo de organizaciones, los partidos políticos han sido un fracaso como administradores políticos del país. De lo contrario seguiremos escuchando por décadas, e incluso siglos, que se debe salvar a la “clase media” mientras los abusos y explotación siguen siendo solo anecdotarios en los programas de televisión y la prensa mercurial.

lunes, julio 27, 2020

El premio nacional de literatura y su fondo

Mucho circula por las redes sociales y prensa sobre la injusticia que ha existido y existe sobre el menoscabo hacia las mujeres en el momento de otorgar el Premio Nacional de Literatura. En una columna Patricia Espinosa afirma que: “Nuestra literatura está plagada de estatuas que debemos eliminar y el Premio Nacional ha sido la mayor fábrica de estatuas literarias para la consolidación del canon masculino y la violenta exclusión de la producción literaria de mujeres”. Si bien es cierta esta afirmación, respecto al premio nacional, hay cuestiones que deben ser analizadas con mayor fondo y detalle de porqué suceden. De lo contrario se suele confundir el efecto con la causa. Para comenzar, un premio literario debe entregarse por la calidad de la obra, no por asuntos de género, etnia, ideología política o religiosa, etcétera. Lo único que debe ser juzgado es la calidad de la obra de tal o cuál autor o autora para otorgar un premio. Ahora, es cierto que al catalogar una obra influyen la subjetividad y tendencias estéticas de los jurados, pero si son jurados cultos en literatura el debate puede ser amplio y con argumentos literarios serios. Lamentablemente en el caso del premio nacional el jurado no es el adecuado porque en su mayoría no son expertos en literatura ni leen todo lo que debieran leer para ser jurados en temas literarios.


Respecto a la afirmación de Patricia Espinosa, no solo el premio nacional ha sido “la mayor fábrica de estatuas literarias para la consolidación del canon masculino”, sino que gran parte de esto ha sido impulsado por muchas de las poetas y académicas que hoy critican el machismo literario, pero que se han dado el tiempo de escribir extensas apologías sobre poetas y escritores hombres, ya sea en libros, ensayos o artículos de opinión, sobredimensionando a tipos como, por ejemplo, Nicanor Parra o Gonzalo Rojas. Personalmente creo, y doy otro ejemplo (podría dar muchos más), que la poesía de José Ángel Cuevas y Winétt de Rokha es mucho más importante que la de Parra y Rojas. Algunos dirán: “tú opinión es discutible”, obvio, porque es una opinión, pero si tuviera que argumentar lo haría con argumentos literarios, nada más, con sus obras completas sobre la mesa. ¿María Luisa Bombal se merecía el premio nacional?, por supuesto que se lo merecía, pero no por ser mujer, se lo merecía por su obra. ¿Huidobro se lo merecía?, claro que sí, pero no por ser hombre, sino por su obra. Ninguno de los dos lo obtuvo por razones ajenas a la literatura. En fin, el tema puede dar para largo, pero debe ser tratado en términos literarios no de otro tipo creo yo.

viernes, julio 10, 2020

Lo que pienso sobre el Premio Nacional de Literatura 2020


Este año, por las torpes razones administrativas de alternancia entre poetas y narradores, que la comunidad literaria conoce de sobra, el Premio Nacional de Literatura debería corresponder a un poeta. Me han llegado varias solicitudes, vía mail, para adherir a distintas candidaturas. En todo caso, para mí, desde el año 1990 a la fecha (no cuento los años de dictadura) debió haber ganado ese premio Patricio Manns, su obra poética así lo amerita. “Memorial de Bonampak” y “Cantología” son una muestra de ello. Incluso como narrador, “Buenas noches los pastores” y “El desorden en un cuerno de niebla”, también lo respaldan. Para qué voy a citar toda su bibliografía. He escuchado muchas veces, a poetas, decir que este autor es músico y no poeta, pero cuando Bob Dylan ganó el Nobel celebraron en grande. Me imagino que la celebración se debió a que Dylan escribe en inglés y fuma marihuana. En Chile, me he dado cuenta, no se juzga la obra, menos el fondo de una obra, sino la vida que los autores hacen alrededor de la literatura. Lo que prima son las “anécdotas”, relaciones con las universidades, con la prensa, excentricidades, incluso las tonterías e inconsecuencias que un autor pueda cometer. Yo pienso que los jurados que les ha tocado dirimir los premios nacionales desde 1990 a la fecha, jamás leyeron las obras completas de los postulantes. Y qué decir del acta de resolución del premio y lo que argumentó cada jurado, es secreta. Pero, ¿argumentarían?

domingo, junio 21, 2020

Sobre el Premio Nacional de Literatura

Me preguntan que a quién considero que se le debe otorgar este año el Premio Nacional de Literatura, que en esta oportunidad, debido a una regla absurda, le corresponde a un poeta, alternancia entre poetas y narradores le llaman. Estupideces ajenas a la literatura diría yo. El gran problema de este premio es que los resultados poco tienen que ver con justicia literaria, por decirlo de alguna manera. El jurado, salvo el último galardonado y el miembro de la Academia de la Lengua, poco saben de literatura. Aunque estos dos últimos no siempre se han leído la obra completa de todos los postulantes. Pero así son los premios en el mundo, salvo honrosas excepciones, sólo reflejan las tendencias estéticas de grupos de influencia, sobre todo relacionados con ciertas universidades. Ni el Nobel se salva. Por ejemplo, ni Silvio Rodríguez ni Patricio Manns son menos poetas que Bob Dylan, pero este último es premio Nobel. Yo he leído (y oído) atentamente la poesía de Dylan, y la verdad es que, incluso ateniéndonos a las diferencias entre el inglés y el español, creo que en cuanto a metáforas, síntesis, ritmo interno, etcétera, no es superior ni a Rodríguez ni a Manns.

Pero volvamos al Premio Nacional en Chile. Pienso que a estas alturas da lo mismo ganarlo o no. A veces no ganarlo es mayor mérito que haberlo ganado. No lo recibieron Violeta Parra, Vicente Huidobro, Luis Sepúlveda, tampoco Roberto Parra ni María Luisa Bombal, quedaron fuera Jorge Teillier y Rolando Cárdenas. Así suma  y sigue. Y ni hablar del Nobel, se le negó Tolstoy, Joyce, Vallejo, en fin. Lo importante es la obra que perdura en el tiempo. He visto circular este año (en agosto se da el premio) listas de apoyo a distintos poetas resaltando sus cualidades, y está bien, cada uno está en su derecho de tener su candidato, el problema es cuando se va más allá de las razones literarias que uno exponga, y se pretende imponer un canon sobre la base de lecturas academicistas acostumbradas a interminables y lateros ensayos conducentes a explicar, por ejemplo, porque Nietzsche (que sobre todo era poeta) dijo esto así y no de otra manera, como si los lectores fuéramos tarados y no entendiéramos lo que leemos. Y voy a dar otro ejemplo, para comprender a Aristóteles no se necesita un doctorado en filosofía o un magíster en literatura, basta con leer su obra completa. Entonces, ese tipo de academicismo es el que prima en el momento de entregar un premio.

Voy ser muy franco, personalmente, a estas alturas de mi vida son muy pocos los poetas que me interesa releer aparte de Homero, Apolonio de Rodas, Ovidio, la Edda Mayor, Vallejo y De Rokha, de hecho hace unos años doné todos mis libros de poesía con la excepción de unos 25 autores chilenos y latinoamericanos. Finalmente, sobre quién es mi candidato para el premio 2020, creo que está claro: “A buen entendedor pocas palabras”.  

domingo, junio 14, 2020

La casta política debe sucumbir...

En la mitología nórdica-escandinava, tras el Ragnarökk, la batalla final donde dioses y demás seres, controladores del poder, sucumben para dar paso a un nuevo mundo donde el ser humano podrá por fin vivir sin desdichas, me parece una analogía ajustada a lo que debe pasar con la casta política chilena para que el pueblo pueda desarrollarse en plena libertad y ser dueño de su propio destino colectivo. ¿Quiénes componen la casta política? La componen los partidos políticos, el gobierno, los grandes empresarios transnacionales, el Parlamento, la Corte Suprema. Instancias que deciden a su arbitrio por quién se debe votar en las elecciones, qué se debe ver en televisión, qué impuestos son los correctos, qué religión es la que debemos profesar, qué debemos leer, qué debemos comer, etcétera.

Los fundamentos de esta casta, y en los cuales basan su derecho para sentirse poderosos sobre los demás, lo manifiestan argumentando que son representantes de nuestra “tradición republicana”. De hecho, el cesado ministro de salud, Jaime Mañalich, ha dicho para justificar en parte su salida: “Es mi deber republicano dar un paso al costado”. Y qué decir de los parlamentarios y dirigentes de partidos políticos, repiten como loros la consigna. Es cosa de ir a los archivos de la prensa nacional para ratificarlo. Lo peor de todos es que esta casta sigue considerando a las fuerzas armadas, explícita o implícitamente, como el bastión moral de la sociedad, siendo que la historia lo desmiente debido a todos sus crímenes contra el pueblo desde 1830 a la fecha. Una nueva sociedad democrática, con su nueva Constitución, debe reformar completamente a las fuerzas armadas.

La casta política está controlada, colonizada por el “republicanismo”, un modo de gobernar que proviene de un mercachifle corrupto como fue Diego Portales, al que le levantan estatuas y le atribuyen virtudes que jamás tuvo. Un ejemplo actual de lo que digo son las declaraciones rastreras de dirigentes del Frente Amplio en pro del “republicanismo” para sacar a Chile de la desigualdad en que vive el ochenta por ciento de su pueblo. Otro ejemplo es cómo el PS, PPD y DC pactan con la derecha opresora, atribuyéndose la representación de todo un país. El “republicanismo” que hoy se convoca no es más que un modelo actualizado del modelo al que se opusieron los igualitarios encabezados por Bilbao, es el modelo que derrocó a Balmaceda y Allende, el modelo que entró a saco en el Wallmapu y exterminó a los pueblos patagónicos, el modelo que permitió las matanzas de obreros y cimentó la República oligárquica con toda su explotación y robos.

Chile no necesita reformas ni maquillajes, necesita un Ragnarökk, no me cabe la menor duda…

domingo, junio 07, 2020

Las vidas mapuche existen

La lucha continuará mientras no haya justicia para el pueblo mapuche, y eso significa que les devuelvan sus tierras y se juzgue a quienes los asesinan.


jueves, mayo 21, 2020

El siniestro Dr. Mañalich y su mortal piñerismo


Cuando el ministro de salud Jaime Mañalich entrega, cada jornada, su resumen sobre el Covid-19 debería ser precedido por una voz de ultratumba que dijera: “Y ahora queda con ustedes el siniestro Dr. Mañalich”, y de fondo aquella melodía y risotada tenebrosa que acompañaba los capítulos de radioteatro de El Siniestro Dr. Mortis. Esto, porque Mañalich y Mortis poseen los mismos aguijones para sucumbir a sus víctimas. Sobre todo la maldad y soberbia de sentirse impunes.

El siniestro Dr. Mañalich, antes de ser nombrado ministro ya tenía un prontuario de embustes y oscuridades que se ha ido acrecentando con la llamada “Crisis del Coronavirus”. Lo podemos ver diariamente en los medios de comunicación, sobre todo en la televisión, donde aparece fingiendo un semblante doloroso y una voz gastada por la dramática situación que conlleva la pandemia, simulacro mediático, obviamente, con la clara pretensión de ser un piadoso camino al corazón de los chilenos; es decir, la farsa del “somos todos amiguis ante la tragedia”. Mañalich, en otro aspecto de su narcisismo, se dirige al país sintiéndose como un gran y único general, el elegido favorito del piñerismo, para derrotar al mortal enemigo que invadió nuestro territorio. Para ello se hace eco del mundo del presidente Piñera, mundo donde solo se escucha la voz del presidente, solo habla el presidente, solo existe el presidente, ese mortal piñerismo que tiene al país haciendo agua por los cuatro puntos cardinales. Un país donde Mortis se sentiría a gusto con su tenebrosa melodía recolectando cadáveres de hambre, cadáveres de represión, cadáveres de cesantía, cadáveres de asesinatos y manipulaciones.

Mañalich ha dicho muchas mentiras al país, distorsionando cifras, mofándose y enarbolando frases merecedoras de los Nueve Círculos que nos relatara Dante: “Tenemos 500 ventiladores de China”, “Mejor sistema de salud del planeta”, “Salir a tomarse un café o cerveza”, “Virus buena persona”, “Cuarentena total es absurda”, “Me llaman para felicitarme”, “Carné Covid-19”, “Si pasan 14 días eres inmune”, “Tenemos todo controlado desde el inicio”, “Llegamos a una meseta”. “Nueva normalidad” y una serie más de mortal piñerismo. Siendo la mayor mentira decir que tenían todo controlado desde que se tomó conocimiento del Covid-19 (finales de 2019 y principio de 2020). Los detalles de esto ya todo el país los conoce, lo que se desconoce es el desenlace…, aunque, como diría Mortis, con su risotada tenebrosa, lo podemos sospechar… 

martes, abril 21, 2020

Infinitos minutos de gratitud a los caídos del FPMR, MIR, Lautaro


Desde 1990 a la fecha muchos minutos de silencio, como un homenaje, han pedido los parlamentarios para diferentes personajes (algunos nefastos), pero jamás para quienes dieron su vida por derrotar a la tiranía cívico-militar encabezada por Pinochet. Por el contrario, aludiendo al famoso “espíritu republicano”, la Concertación primero, y la Nueva Mayoría después, han olvidado por completo que alguna vez aplaudieron las acciones del MIR, del FPMR y del Movimiento Juvenil Lautaro, pero claro, no faltaba más, había que adecuarse a los “nuevos tiempos”, a los tiempos de la hipocresía y el eufemismo, de la poltrona en el parlamento. De la crítica desde la comodidad de un sueldo millonario. A lo mejor interpretaron al pie de la letra aquella frase de Feuerbach que versa: “Cada hombre piensa según lo que come y no se piensa igual debajo de un palacio que debajo de una choza”, y hoy, y disculpen la vulgaridad, aquellos que en los ‘80 comían completos en la esquina de alguna población, disfrutan de los pasillos faraónicos y de las delicatesen que les ofrecen en la mole que cobija al Parlamento. Entonces, los minutos de silencio solo son para los elegidos del sistema, para los que negaron y seguirán negando al sector más digno de nuestra historia, a los militantes del FPMR, MIR y Lautaro, para ellos, como un homenaje, no un minuto de silencio, si no que infinitos minutos de gratitud…, hoy, mañana y para siempre…

sábado, abril 11, 2020

La impudicia de los "rostros" de TV

El desarrollo de la televisión en Chile coincidió con el golpe de Estado de 1973, algo que le vino al dedo a los golpistas. Instalado el toque de queda y el crimen en el país, a los chilenos no les quedó otra entretención que pasar las horas de encierro mirando televisión. En ese contexto comenzaron a surgir programas de “entretención” y los estelares nocturnos que mostraban un país idílico que avanzaba hacia la prosperidad económica y la paz social. De las violaciones a los derechos humanos, nada. Eran un invento de los marxistas. Para tal fin de desinformación se levantaron figuras como Mario Kreutzberger, César Antonio Santis, Cecilia Bolocco, Raquel Argandoña, Raúl Matas y Antonio Vodanovic, entre otros, que llevaron la batuta de la televisión pinochetista. Lo mismo sucedió con cantantes, locutoras, bailarinas, actores, periodistas, cómicos y especímenes varios. La farsa inicial duró, aproximadamente, hasta entrados los años noventa. De allí en adelante había que cambiar el formato, lo que significó dar un paso significativo, exhibiendo en las pantallas los llamados matinales y programas de farándula, donde se pretende que los sucesos de vida de los faranduleros son los acontecimientos más importantes de la nación.

Chile volvía a la “democracia”, había “cambiado el país”, pero al pueblo se le debía seguir brindando, de alguna manera, pan y circo. Los matinales se llenaron de conductores y conductoras con más maquillaje que cerebro, autodenominándose “famosos” o “rostros”. Toda esta fauna, con ínfulas de estrellas de Hollywood, tenía (y tiene aún) una misión muy clara: manipular la realidad del país e invisibilizar el fondo de los problemas reales, además de incitar a los telespectadores a comprar los productos de las grandes empresas transnacionales que auspician sus programas. Es decir, convocar al pueblo a endeudarse mediante el crédito. A cambio reciben millonarios sueldos y se les permite festejar entre ellos, y ante las cámaras, sus cumpleaños, sus viajes al extranjero, sus años sabáticos, sus risas y llantos, y mostrar sus lujosas casas y privilegios obtenidos a costa de la pobreza económica que sufren quienes se endeudan con las casas comerciales que ellos promueven. Así, la cáfila televisiva pueda darse la vida del oso a costa del dinero que generan los más pobres, los sufridos televidentes. Imagínense lo que va a los bolsillos de las empresas transnacionales que sustentan a dichos impúdicos personajes. Dado lo anterior, no es aventurado afirmar que estos entes son parte no menor del engranaje y causa del llamado eufemísticamente “estallido social”. Y como tales algún día deben ser juzgados junto a todos los abusadores y explotadores del país.

Tras el comienzo de la rebelión del 18 de octubre de 2019, a la cáfila televisiva no le quedó otra opción que dar tribuna a lo que estaba pasando en Chile, mostrando entonces su cinismo, oportunismo y falsedad. “No sabían que a los marginados les molestaba tanto la desigualdad”, expresaron algunos. Estaban asombrados de darse cuenta que en Chile se abusaba de los más pobres. Los pobres y marginados ya no les parecieron tan pintorescos, y a los noteros ya no les quedaba dirigirse a ellos con un lenguaje plagado de “como estai”: “cachai”, “que tomai de desayuno”, etcétera. Se llenaron las pantallas de entrevistados con preguntas obvias, repetitivas y sin fondo. Todo acomodado a una especie de denuncia consensuada para no convocar la reprimenda de sus amos. Había que denunciar, era imposible no hacerlo, pero, claro, con espíritu republicano. Los ricos no perdonan a sus lacayos cuando se quieren pasar de listos, aunque estos lo hagan por conveniencia y para captar audiencia. La casta televisiva no difiere mucho de los parlamentarios en su impudicia y farsantería, aunque hoy pretendan ser adalides de la justicia y digan compartir los cambios sociales que pide el pueblo. Muchos políticos se han sumado a los programas de farándula y a los matinales (cuya diferencia, en todo caso, es la misma que existe entre la Coca-Cola y la Pepsi). Allí hablan de soluciones, las mismas que jamás han llevado a cabo desde sus puestos de poder. Con el COVID-19 ha pasado lo mismo que con la rebelión del 18 de octubre, lágrimas de cocodrilo y, obviamente, pues no podían faltar, la exhibición de lujosas cuarentenas de los impúdicos “rostros” televisivos. El pobre, dicho en lenguaje pintoresco: “que se cague”.