lunes, febrero 01, 2010

Letras rojas

(LOM Ediciones). Selección de cuentos negros y policíacos compilados por Ramón Díaz Eterovic, que incluye a veinticuatro connotados autores: Gabriela Aguilera, Carlos Almonte, Roberto Ampuero, Claudia Apablaza, Pablo Azócar, Alejandra Basualto, Juan Ignacio Colil, Poli Délano, Ramón Díaz Eterovic, Ignacio Fritz, José Gai, Peter Williams, O’Hara, Sergio Gómez, Sonia González, Bartolomé Leal, Tadeo Luna, Francisco Miranda, Martín Pérez, José Román, Luis Sepúlveda, Eduardo Soto Díaz, Carlos Tromben, José Miguel Vallejo y René Vergara. Nos cuenta el compilador que “estos textos son una respuesta a las manifestaciones de la violencia, visible o subterránea, que existe en nuestra sociedad, constituyéndose en un espejo en el que se refleja a una realidad que cada día le es más agresiva y ajena”. Los cuentos elegidos son acertados y dan cuenta de diferentes estilos, pero con muchos puntos de encuentro entre ellos.  

Fábulas y contrafábulas de la Elefanta Fresia

(LOM Ediciones). Primer libro de poemas de Nicolás Vergara Muñoz. El poeta asume la voz de la entrañable elefanta Fresia, que habitó durante cuarenta años en el zoológico de Santiago para disfrute de niños y adultos que la visitaban, y que terminó sus días repartida trágicamente en lugares no precisamente dignos de lo que representó en vida: “Te fragmentaron el hábitat frente al Tututanga/ A cada rato te hicieron perder biodiversidad/ Te fascistaron y totalizaron algunos ecologistas aplicados/ Te dieron de comer maní, papeles de helado, palitos de coyac/ Te taxidermizaron a medias en la Quinta Normal/ Te levantaron hipótesis marco teórico, conclusiones/ Te pudrieron el tronco y las extremidades por falta de especialistas/ Los botaron a la basura…”. Vergara, expresa a lo largo de su poemario una crítica a los atentados contra la naturaleza que ocurren en el mundo, a la manera en cómo el hombre atenta, en este caso, contra la vida animal exiliándola de sus ambientes naturales. Asunto que también ha ocurrido con los pueblos originarios, que en siglos pasados fueron exhibidos en jaulas tal como la recordada elefanta Fresia en el zoológico del Parque Metropolitano. En cuanto al estilo, se percibe una búsqueda de originalidad, un intento de alejarse de estructuras hoy en boga. El resultado, en este aspecto, sólo el tiempo lo dirá.

¿Se acata pero no se cumple?

(LOM Ediciones). Libro compilado por la sicoanalista Kathya Araujo, que nos entrega un estudio de varios autores sobre las normas en América Latina y su relación con los sujetos sociales. En tres capítulos (La cultura de la transgresión, La lógica de los usos y Procesos de democratización) se da cuenta de la manera en que se relacionan los latinoamericanos con las normas establecidas. Además de la compiladora del volumen, participan con sus trabajos: Lidia Girola, Gonzalo Portocarrero, Danilo Martuccelli, Dominique Vidal, Virginia Guzmán Barcos, Lorena Godoy Catalán, Sérgio Costa, Rúrion Melo y Felipe Silva. Según explica Araujo: “Se acata pero no se cumple, la afirmación en que nuestros debates se aunaron por largo tiempo, dejó de ser una fórmula lapidaria para convertirse en una pregunta de investigación”. 

La puta que me parió

(LOM Ediciones). Gonzalo León nos entrega una selección de sus numerosas crónicas publicadas en medios de prensa, entre ellos La Nación Domingo y revista Punto Final, principalmente, y como casi ninguna es inédita, el autor nos expresa que esto se transforma en un “ejercicio de montaje”. El libro se dividen en nueve capítulos, incluyendo en cada uno textos relacionados temáticamente. Los nueve capítulos se titulan: “Las cosas este año no se ven bien”; “El festival de la memoria”; “Creer o pensar”; “He ahí la ‘custión’”; “Mi padre, el muy chuchasu…”; “Política, el arte del corneteo”; “Libros, literatura y demagogia”; “Sexo, saxo, ¿da lo mismo?”; “Fans club Chile” y “Lápida”. Las crónicas están escritas en el estilo que caracteriza a León, desde el humor y desde la anécdota, donde él es protagonista –o coprotagonista-.

lunes, enero 18, 2010

Una fábula de Esopo

La vieja y el médico

"Una vieja enferma de la vista llamó con la promesa de pagarle, a un médico. Este se presentó en su casa, y cada vez que le aplicaba el ungüento no dejaba, mientras la vieja tenía los ojos cerrados, de robarle los muebles poco a poco.

Cuando ya no quedaba nada, terminó también la cura, y el médico reclamó el salario convenido. Se negó a pagar la vieja, y aquél la llevó ante los jueces. La vieja declaró que, en efecto, le había prometido el pago si le curaba la vista, pero que su estado, después de la cura del médico había empeorado.

-Porque antes - dijo - veía todos los muebles que había en mi casa, y ahora no veo ninguno."

jueves, enero 14, 2010

La isla de los muertos


La isla de los muertos, del pintor suizo Arnold Böcklin (1827-1901)

martes, enero 12, 2010

Del poder constituyente de asalariados e intelectuales

Del poder constituyente de asalariados e intelectuales: Chile, siglos XX y XXI (LOM Ediciones). El historiador Gabriel Salazar nos entrega un libro donde desacraliza la idealización del Estado portaliano y las consecuencias antidemocráticas que significó su implementación y reproducción en distintos períodos históricos hasta nuestros días. Como se explica en parte de la introducción: “en Chile la política ha sido una actividad privativa de los ‘vencedores’ que impusieron con respaldo armando la Constitución Política que les acomodaba: en 1830 con Portales, 1924 y 1925 con Arturo Alessandri Palma, y finalmente 1980 con Pinochet. Dos siglos de exclusión y anonadación sistemáticos del poder constituyente que, por naturaleza, es inherente a la comunidad de los hombres y mujeres libres, lo que ha implicado que la gran masa ciudadana se haya connaturalizado con una existencia despojada de soberanía, con una Carta Fundamental perpendicular que no la representa”. Salazar pasa revista a diferentes etapas, comenzando por la Asamblea Constituyente de asalariados e intelectuales, Luis Emilio Recabarren, Salvador Allende, construcción de poder ciudadano, transformación del sujeto social revolucionario y finalizando con el tema “Transición ciudadana: de la justicia estatal al tribunal de la historia”. El fin de estos seis ensayos es profundizar y entregar elementos de juicio sobre el problema del poder popular constituyente desde diferentes ángulos, en la idea de formar consciencia sobre cómo se han desarrollado realmente hechos que la historia oficial ha idealizado vaticanamente en provecho de las elites que controlan el Estado. Los argumentos de Gabriel Salazar son lúcidos y contundentes. En especial el capítulo final resulta un aporte esencial en el análisis, por tratar la actualizad nacional y su crisis de representatividad y extraña “obediencia civil”. 

sábado, enero 09, 2010

Los magnates de la prensa

Los magnates de la prensa (Editorial Debate). Nuevo libro de la periodista María Olivia Mönckeberg, Premio Nacional de Periodismo 2009. Antes había publicado, entre otros títulos: El saqueo de los grupos económicos al Estado chileno (Ediciones B, 2001) y La privatización de las universidades. Una historia de dinero, poder e influencias (Copa Rota, 2005). El presente volumen, subtitulado “Concentración de los medios de comunicación en Chile”, da cuenta, fundamentalmente, de la realidad de la prensa en nuestro país y cómo los grupos económicos y personajes ligados a la dictadura (entre los que sobresalen Agustín Edwars y Álvaro Saieh), lograron controlar los medios de comunicación con evidentes objetivos de favorecer sus intereses políticos y económicos a través de la manipulación de la opinión pública.  

Si la importancia de los medios de comunicación es trascendente en un mundo globalizado como el de hoy, más aún lo es su propiedad. Cuando ésta se concentra en unos pocos propietarios, de un mismo sesgo ideológico, la manipulación de la información se convierte prácticamente en un mal hábito. Y los efectos sobre quienes reciben el mensaje comunicacional tendencioso se hacen notar. La propiedad de los medios de comunicación, en el caso de nuestro país y de la prensa escrita, por ejemplo, se encuentra concentrada en dos consorcios, El Mercurio y Copesa, que en la práctica conforman un duopolio cuya influencia en la generación de corrientes de opinión a favor de los intereses de la oligarquía nacional es abrumador. Esto se explica muy bien en parte del prólogo del libro:

“El acceso social a la información, el rol fiscalizador de la prensa, la libertad de expresión y opinión de los ciudadanos se ven condicionados y amarrados a otros intereses. Y muchas veces ese público lector, auditor o telespectador no está siquiera consciente de lo que ocurre, porque los velos y cortinas de silencio que imponen los medios ocultan lo que sucede en “los Chile” fragmentados de hoy.

En la mayoría de los casos, los dueños de esos medios constituyen importantes grupos económicos entrelazados con otros de similar influencia y poder; a ellos se suman los “aviadores” que intervienen en publicidad en entidades afines a su modo de pensar.

Se levanta así un cerco de marcado corte ideológico-financiero que incomunica a los habitantes del país, cercenando las posibilidades de establecer un verdadero debate social sobre los asuntos y problemas que nos afectan a todos”.

Mönckeberg nos ilustra en muchas materias pertinentes al tema con rigor y antecedentes. Son once capítulos que se leen con fluidez, resultando muy ilustrativos en los aspectos que en ellos se desmenuzan. Encontramos, entre otros datos, antecedentes históricos referentes al desarrollo de la prensa en Chile y sus motivaciones originales desde la fundación de La Aurora de Chile por Fray camilo Henríquez, pasando revista a diarios como El Ferrocarril, La Unión de Valparaíso, El Diario Ilustrado, El Despertar de los Trabajadores, las medios durante la dictadura, etcétera.

Actualmente, en el caso de la prensa escrita, dos son los principales consorcios: El Mercurio, dirigido por Agustín Edwards Eastman, y Copesa, dueños de La Tercera, controlado por Álvaro Saieh Bendeck. En materia de crear corrientes de opinión, la iniciativa la lleva El Mercurio, desde donde su dueño Agustín Edwards Eastman impone su pensamiento, influyendo incluso en personas de ideología distinta a la suya, como ocurre con muchos miembros de la Concertación, por ejemplo, que participan en la entidad Paz Ciudadana, creada por Edwards. El carácter embaucador de El Mercurio es impresionante. Por otro lado, Agustín Edwards, y esto es importante no desecharlo, tiene un juicio pendiente con el país. Un juicio que incluya el delito de haber promovido la intervención de una nación extranjera en el derrocamiento de un presidente legítimamente elegido, acción que en cualquier lugar del mundo es juzgada como traición a la patria. Otro aspecto es el tema de los atropellos a los derechos humanos, donde Edwards y quienes fueron directores y colaboradores del matutino durante la dictadura, actuaron como encubridores. Los tentáculos del poderoso imperio periodístico de “don Agustín” son tenebrosos, y hoy le han permitido ser dueño de la inmensa mayoría de los diarios regionales, permitiéndole una influencia ideológica difícil de contrarrestar. En el plano económico, El Mercurio, en los años ochenta y a pesar de los miles dólares recibidos de la CIA para encabezar la sedición contra el gobierno de Salvador Allende en la década anterior, estuvo prácticamente quebrado debido a su alto endeudamiento. Pero fue salvado por la dictadura con dineros fiscales. Todo esto Mönckeberg lo demuestra con antecedentes concretos, serios e irrefutables. Hoy, paradójicamente, el decano recibe el mayor porcentaje del avisaje estatal. Mientras que las revistas y diarios que fueron voz de lucha contra la dictadura tuvieron que cerrar sus redacciones por falta de recursos. Es decir, los gobiernos de la Concertación, en vez de velar por que exista una prensa libre e independiente, se han empecinado en favorecer a la prensa que estuvo ligada a Pinochet y que hoy defiende su legado político y económico.         

En cuanto Álvaro Saieh, es un hombre que hizo su fortuna al amparo del pinochetismo, y al igual que su par de El Mercurio, a través de La Tercera defiende los valores de la economía neoliberal y el legado político de la dictadura, a pesar de las pinceladas con que pretende mostrar una cara democrática, incorporando articulistas de “distintas” tendencias en sus páginas. Saieh poco a poco fue tejiendo sus nexos financieros hasta lograr un imperio económico considerable, logrando importantes inversiones en el área de las comunicaciones. Por ejemplo, en la adquisición de radios. También sus intereses apuntan a la televisión, pero no ha podido posesionarse en ese ámbito, aunque llegó a presidir el primer directorio de La Red. Un dato “curioso” es la relación que Saieh mantuvo como inversionista en medios que tras su llegada desparecieron. Es el caso del los diarios La Época y Diario Siete. Hoy, sus dardos estarían privilegiando al diario que posee la Universidad de Concepción llamado El Diario, y donde Saieh es asociado mediante un convenio con Copesa para la distribución. La universidad también es propietaria de La Discusión de Chillán y concesionaria de una señal de televisión y una radio. Lo peligroso es que gran parte de la deuda que mantiene la Universidad de Concepción es con Corpbanca, el banco de Álvaro Saieh. 

Otros casos emblemáticos de magnates de las comunicaciones son el del fallecido Ricardo Claro y del candidato presidencial Sebastían Piñera, propietarios de los canales de televisón Megavisión y Chilevisión, respectivamente. En el caso del primero se mantiene la línea programática heredada de su fundador. Estos medios son utilizados para crear corrientes de opinión favorable a la derecha chilena, al empresariado y transnacionales. En general al sector privado. Los pocos programas que aparecen como amplios en sus contenidos y sin censura en la práctica no lo son. Los sistemas de entregar la información lo dejan de manifiesto. Respecto a sus propietarios, en el caso de Ricardo Claro fue un hombre temido dentro de la propia oligarquía nacional. Su poder era despótico y pechoño, ardiente de anticomunismo feroz. Piñera, por su lado, siempre ha sido un tipo cuestionado por sus negocios y la manera en que logró consolidarse como uno de los hombres más ricos de Chile.

El libro de María Olivia Mönckeberg nos releva estos y otros detalles de un imperio comunicacional repartido entre poderes económicos que se enseñorean en nuestro país, obteniendo jugosas ganancias y privilegios. También es interesante cómo se vinculan en las empresas de estos magnates nombres de personajes asociados a la dictadura, y que hoy pretenden aparecer como blancas palomas, con reconocidos nombres de la Concertación. Incluso con tipos que alguna vez llevaron el título de revolucionarios.